Superada, de momento, la amenaza que representaba el infausto Henry Charles, Tom King emprende un pequeño relato en dos partes (ambas incluidas en este Wonder Woman #11 de Panini Cómics, con lo que podéis acercaros a esta grapa como aventura independiente) que lleva a Wonder Woman y Batman a hacer equipo para resolver un asesinato. Pero no un asesinato cualquiera, sino uno olímpico.
«Clark sonríe. Tú brillas«
Los dramas de los dioses son una de las tramas recurrentes en el largo historia de la princesa amazona, que siempre acaba metida en los tejemanejes de Zeus y su prole quiera o no quiera. Y este es uno de esos casos en los que no quiere, pero debe, pues la principal sospechosa de la muerte de uno de los dioses griegos no es otra que su madre, Hipólita. Se da la circunstancia, además, que la propia Hipólita es, en el contexto actual, una diosa. Y dejará de serlo si es condenada. Intereses cruzados y sospechas por todas partes, Diana no tiene otra que la de acudir en ayuda de su madre encontrando al verdadero responsable.
Esta es la propicia coyuntura que aprovecha King para traerse al murciélago y, con él, a Guillem March, a quien ya disfrutamos en la actual etapa en otra aventura de transición que supuso un emotivo y divertido encuentro entre Clark y Diana… curiosamente con Bruce como pretexto, pues debían buscarle un regalo de cumpleaños. Ambas historias, además, comparten un objetivo de fondo, que no es otro que mostrarle a Wonder Woman que no está sola. A pesar del dolor y la ira por la pérdida de Steve, sabe que puede contar con la familia que ha elegido.
Así, esta nueva incursión de March en los mundos de la amazona de King vuelve a tener un tono intimista que nos permite ver a una Diana más vulnerable. Es interesante el contraste entre la aquí retratada, más propensa a dejar que las emociones guíen sus respuestas, con la que humilló al soberano, regia e inquebrantable. Cierto es que las circunstancias condicionan su actitud, pues en la aventura que nos compete ambos protagonistas juegan con un tiempo límite, mientras que en la contienda contra el falso rey tuvo tiempo de sobra para pensar cada paso de forma meticulosa y certera.
El misterio en torno al divino asesinato, si bien interesante, no deja de ser el macguffin de King para explorar la amistad entre Bruce y Diana y darle un respiro a esta última para soltar parte de la furia que intenta no exteriorizar. Es, en cierta manera, una aventura catártica para la themyscirana. Aunque no lo es menos para el murciélago, al que pocas veces hemos tenido la oportunidad de verle abrirse con tanta honestidad.
¿Y el misterio? Como decíamos, resulta de lo más interesante. En sus pesquisas Batman y Wonder Woman se entrevistan con sibilinos dioses enredados en sus traiciones de siempre. Para ellos, con la eternidad como horizonte inalcanzable, cualquier conflicto es motivo de algarabía para no caer en el aburrimiento. Afrodita, Dionisio, Zeus… son varias las deidades helénicas las que sirven de testigos y sospechosos de un crimen que pone en relieve la humanidad de los implicados, pues estos, en sus mezquinos teatros, no hacen sino reflejar las pasiones (tanto viles como virtuosas) del ser humano. Un definitorio elemento que King vuelve a poner en relieve, sobre todo para confrontarlo con el brillo de Wonder Woman, ideal al que siempre deberíamos aspirar.

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