Lincoln

Lincoln: Daniel Day-Lewis presidente

Lincoln es un film que ofrece más de lo que aparenta. ¿Y qué aparenta? Bajo la máscara de un biopic sobre la figura del mandatario norteamericano se esconde un título que tiene sus raíces en las películas de corte político. Lincoln retrata la lucha de un hombre dispuesto a hipotecar su futuro político con el final de la Guerra de Secesión muy cercano para aprobar la decimotercera enmienda, esa que garantizaría que todos los hombres son libres e iguales ante la constitución; la que supondría la abolición de la esclavitud en los EUA.

 

La acción comienza poco después de la reeleción del gobernante republicano (a principios de 1865), que pone sobre la mesa su plan para acabar con la esclavitud en todo el territorio nacional antes de que finalice la contienda, ya que solo en un escenario bélico la enmienda tendría opciones de prosperar, siendo entendida como una medida para debilitar a los confederados. Al mismo tiempo que plantea su iniciativa surge la posibilidad de poner fin a la guerra civil casi de inmediato. Ya tenemos el conflicto servido.

 

Lincoln / Daniel Day-Lewis

 

Alrededor de este dilema es donde Steven Spielberg construye su relato. En él apela al sentido de la libertad e igualdad del que presume la nación norteamericana, esa que el presidente intentó transmitir a sus conciudadanos. Spielberg ofrece una visión muy positiva del personaje histórico, al menos en su faceta pública; muestra a un hombre comprometido, responsable y pragmático que siempre parece estar por encima del resto. No porque se creyese superior, sino porque era más consciente de lo que le rodeaba. En su vida personal, como padre y esposo, el cineasta sí se permite pintar algunos grises, enseñando como sus funciones presidenciales condicionan su comportamiento y el de los suyos. Es en este aspecto donde realmente cobra vida y emociona el personaje.

 

Una vida que sin el trabajo de Daniel Day-Lewis no habría sido posible. Él es Lincoln y la película no sería la misma sin su presencia. Domina cada fotograma, cada plano, cada secuencia en la que aparece. Spielberg le ha dado al actor un vehículo con el que maravillar (por enésima vez) gracias a sus dotes interpretativas.

 

Existen algunas películas que se podrían denominar de personajes, aquéllas en las que el protagonista es el único punto de atención (como bien podría ser Jack Reacher, por citar un ejemplo reciente) y con lo único que uno se queda tras el visionado. Luego hay otras que son de actor. Films donde el intérprete es quien se lleva todas las miradas, ensombreciendo y dejando en segundo término todo lo demás. Lincoln pertenece a esta clase. Lo es, al menos, en un primer visionado. El actor nacido en Londres es sin duda el mayor activo de la película, el motivo por el que ésta tendría que ser recomendada. Aunque no está solo, su atractivo puede extenderse a todo el plantel, especialmente a los trabajos de Tommy Lee Jones (impresionante como pocas veces, vehemente y apasionado) y Sally Field (imponente, capaz de humanizar al símbolo).

 

Lincoln / Daniel Day-Lewis

 

Ante tamaño reparto: John Hawkes, James Spader, Jackie Earle Haley, Joseph Gordon Levitt, David Strathaim… escuece más la irregular labor de montaje, categoría en la que curiosamente está nominada al Oscar. Es conocida la propensión de Spielberg a desarrollar personajes que se pasan la vida contando batallitas (quién no recuerda al profesor Hammond de Jurassic Park), y Abraham Lincoln no iba a ser una excepción. Sí, sirven para atenuar la tensión, dar aire al espectador y mostrar otros matices de los protagonistas, pero con una o dos escenas de anécdotas son más que suficientes para resaltarlo. Cinco o seis son demasiadas. Este apunte no es más que una forma de ejemplificar lo estirado del metraje. Una edición más concisa y ágil, libre de paja, evitaría que a más de uno se le hicieran cuesta arriba las dialogadas dos horas y media de película.

 

Con todo, se trata de un ejercicio interesante, recomendable para aprender un poco más acerca de uno de los episodios más trascendentales de la historia de este mundo globalizado y obligado por el trabajo de su protagonista, el presidente Daniel Day-Lewis.

 

Acerca de Daniel Lobato

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El padre de todos, pero como a Odín, se me suben constantemente a las barbas. Periodista de vocación cinéfila empecé en deportes (que tiene mucho de película) y ahora dejo semillitas en distintos medios online hablando de cine y cómics. También foteo de cuando en cuando y preparo proyectos audiovisuales.

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