Scary Movie 5

Scary Movie 5: Cómo quemar una gracia

Desde que en 1980 el trío formado por los hermanos Zucker (Jerry y David) y Jim Abrahams dirigiesen la inconmensurable Aterriza como puedas han sido varios los intentos de repetir la fórmula. Sin embargo, a lo largo de las dos décadas posteriores fueron ZAZ (así se les llamaba) los únicos que consiguieron resultados óptimos ganándose el aprecio tanto de crítica como de público con sus títulos más célebres, véase Top Secret (1984) y Agárralo como puedas (1988). Hasta que en 2000 llegaron los hermanos Wayans y, aprovechando el tirón que por aquel entonces tenían los filmes de terror adolescente, rejuvenecieron la receta sacándose de la manga una larga retahíla de chistes fáciles a costa de asesinos en serie, fantasmas y posesiones infernales con los que poder hacer una película.

 

Si algo tuvo de bueno aquella entrega fue el hecho de traer a un público joven este tipo de humor. Eso sí, con tremendas diferencias, pues aunque pareciera fácil, los chistes tanto de los comúnmente llamados malos como los visuales del trío por antonomasia son de un alto ingenio cómico. Quizá los ejecutados por los hermanos de color veinte años más tarde no fueran del mismo nivel, pero al menos crearon una identidad propia, falta de gusto y elegancia (nadie duda de ello), pero significativa, que allí perfeccionaron y ya habían presentado con sus programas televisivos y las parodias como Los colegas del barrio (1996) o Sobredosis de oro (1988).

 

Scary Movie 5

 

Ahora bien, su éxito desmesurado y el llamamiento del poderoso caballero tergiversaron de tal modo el género que las parodias aparecen de debajo de las piedras. Buceando un poco por las múltiples bases de datos fílmicas de internet pueden encontrarse cientos de ejemplos a cual más absurdo y falto de gracia intentando subirse al carro de la gracieta fácil sin gastar y, si es posible, crear una franquicia. Los propios Wayans son quienes, fuera ya de la saga terrorífica, intentan perpetuar la especie con abominables subproductos plagados de clichés y gags que lejos de la carcajada sin miramientos provocan vergüenza ajena de la que duele en el alma cinéfila.

 

En el mejor de los casos cada año aparece un nuevo bodrio en el cual con el sufijo “movie” en el título y un prefijo que surge en función del año anterior en cuestión podemos ver el mismo humor pero con diferente disfraz. Superhero movie, Disaster movie, Epic Movie, Date Movie; los ejemplos son múltiples. En el peor de los casos pueden llegar a rodarse diez películas tratando lo mismo.

 

Y aquí aparece la quinta entrega de la saga que abrió la veda. Si en la segunda parte todavía no había perdido el rumbo y contando con algunos de los mejores cómicos de Estados Unidos todavía se centraba en el mundo del terror, fue precisamente la llegada de David Zucker a la franquicia la que hizo que el nivel decayera hasta límites inimaginables solo mensurables por la rabia de haber pagado una entrada para que se rían del (y no hagan reír al) respetable durante una media de 80 minutos. La cuarta y esta quinta siguen esa estela donde un chiste medianamente decente sirve de excusa para hora y veinte de golpes en la cara, golpes en la entrepierna, golpes con una puerta, golpes con una sarten, drogas, sexo y gags ante los que un niño de tres años resoplaría por ser demasiado infantiles.

 

Scary Movie 5

 

En esta ocasión, como en las dos anteriores, ni siquiera importa ya que la película cargue con el apelativo “scary”, el leitmotiv de la historia sí tiene su base en algún título de terror, pero como los autores no pueden sacar suficiente golpe de los últimos filmes del género abren sus puertas a cualquier producto que haya sido estrenado a lo largo de la escritura (si es que la ha habido) del guión. Las dianas de la parodia esta vez son Mamá, Paranormal Activity, Cisne negro, Origen y una larga lista de taquillazos.

 

Por suerte para los hermanos Wayans ellos ya no tienen nada que ver con el asunto y únicamente se dedican a poner la mano ya que de alguna manera esto está basado en los personajes creados por ellos (¿qué personajes? Vaya usted a saber). Quienes perpretan sin diligencia tremenda tontería mal llamada guión son el anteriormente citado David Zucker junto con su amigo Pat Proft, conocido por los guiones de la mítica academia de policía así como películas paródicas positivamente mediocres. A los mandos, otro que parece no haber tenido un ápice de inteligencia cinematográfica en su vida echado un ojo a su insulsa filmografía, Malcolm D. Lee.

 

La saga ha perdido la fuerza que en algún momento pudiera haber tenido y, como la telebasura, debería darse por vencida y dejar a los verdaderos cómicos con talento guiar el camino que la comedia actual debería seguir.

 

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