Soul Surfer

Soul Surfer: ¡Ay, Señor, Señor!

 

 

Las historias de superación personal son un filón para los tiempos de crisis. Buenos ejemplos de esto son filmes como 127 Horas (Danny Boyle, 2010) o la horrorosa historia de Winter el Delfín (Charles Martin Smith, 2011). Muy en la línea de este segundo ejemplo nos llega Soul Surfer, basada en la historia real de Bethany Hamilton, una surfista a la que un tiburón arrancó un brazo y que, pese a ello, logró superar sus limitaciones y hoy en día pertenece a la élite del surf.

 

Dennis Quaid, Helen Hunt y AnnaSophia Robb en Soul Surfer

 

 

Aterradora moraleja:

 

En cualquier aspecto de la vida los radicalismos son muy peligrosos y los Estados Unidos, en un tiempo bastión de la Libertad con mayúsculas, son hoy en día un claro ejemplo de ello con un sistema político bipartidista en el que sólo existen la derecha y la extrema derecha -he llegado a oír a americanos que para insultar a Obama lo llamaban socialista- y un código moral y religioso que, si bien en las zonas costeras es amplio, en la enorme extensión del interior continental se limita a las diversas ramas del puritanismo de los primeros colonos.

 

El problema se ha acentuado tras el 11-S y aún más con la crisis. La derecha hoy en día es más radical que nunca y el fanatismo religioso cristiano ha encontrado en los estadounidenses un perfecto hábitat. Prueba palpable de ello es esta película. No ya por las continuas referencias a Dios o que quien realmente ayude a ver el camino a Bethany sea su mentora religiosa, sino porque la protagonista pierde el brazo tras negarse a viajar con su congregación de misiones a México, planteándonos la aterradora moraleja de que «si no ayudas a los demás ni vas a misa los domingos perderás un brazo«.

 

 

AnnaSophia Robb en Soul Surfer

 

 

TV movie con pretensiones:

 

Al margen de las ideologías Soul Surfer no funciona bien como película. Tanto su presupuesto como su realización son dignas de una TV movie de sobremesa y lo que preocupa más (al menos de cara a lo que es el filtro de calidad del público) del filme es que no sólo ha llegado a nuestros cines sino que en Estados Unidos ha sido muy rentable. La cinta está repleta de escenas superfluas, dramatismos innecesarios y sobreactuaciones de los actores, todo ello aderezado con un manejo espantoso de la cámara.

 

Sean McNamara, al que podemos ver luciendo melena en la película, se ha «curtido» en las mediocres producciones que hoy en día ofrecen los canales temáticos a los niños. Así, le podemos reconocer por haber dirigido la serie de Disney Raven o la película basada en las muñecas Bratz. Ahora alguien con un currículo de este calibre se pone a los mandos de la historia de Bethany Hamilton y la convierte en otro de sus productos. Simplemente estupendo.

 

En el fondo no puedo sino sentir lástima por unos actores que no pueden dar de más de sí con el guión que les ha caído en las manos (¡nada menos que siete guionistas!). Puedo entender que AnnaSophia Robb haya accedido a protagonizarla porque es una chica que aún tiene mucha carrera por delante y quiere probarlo todo, lo mismo pasa con Carrie Underwood, que no puede evitar marcarse alguna cancioncilla en su primera vez frente a las cámaras. La presencia de Dennis Quaid y Helen Hunt sólo la puedo achacar a que sus carreras ya no estén en su punto más álgido.

 

En resumen:

 

Película para ver de espaldas a la pantalla en la que hasta la banda sonora (con una simpática mezcla de temas mainstream e interesantes composiciones de Marco Beltrami) se disfruta más sin la presencia de las imágenes. Me quedo con una de las frases del personaje de Helen Hunt grabada en mi  memoria: «El chico indicado te querrá, porque eres guapa«. Directa al proyector de la escuela parroquial.

 

 

Acerca de RJ Prous

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En la soledad de mi beca Séneca en Zaragoza aprendí a amar el cine mierder. Volví a Madrid para deambular por millones de salas y pases de películas para finalmente acabar trabajando con aviones. Amante del cine y de sus butacas, también leo muchos cómics y, a veces, hasta sé de lo que hablo.

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