Hara-Kiri

Hara-Kiri: Honor en el Japón Feudal

Takashi Miike nos tenía acostumbrados a un tipo de cine muy específico, donde Ichi The Killer se convirtió en el mayor y más conocido exponente de este. Por estas tierras, si no se es un admirador del cine asiático, el nombre de este director se conoce más bien poco, pero allí en Japón es un prolífico realizador creando varias obras cada año, desde películas de terror, como Llamada Perdida, cine brutal como Visitor Q, o Audition (cansino relato de la locura moderna) o llevando a la pequeña pantalla el manga MPD Psycho, de argumento no apto para todo tipo de mentes. Pero hace poco nos llego de él un cine algo diferente, 13 asesinos, un cine de calidad, abierto a todo el público, de ambientación histórica y de gran factura final. En esa sintonía hablamos de Hara Kiri, muerte de un Samurai.

 

Hara Kiri es la revisión del gran clásico del cine japonés Seppuku, de Masaki Kobayashi. Nos cuenta la historia de Hanshiro un samurái que pocos años después de la unión del país, acude a un gran clan y solicita poder hacerse el harakiri (suicidio ritual). El líder del clan, viendo que se vuelve habitual esta deferencia y que muchos de ellos vienen con la intención de ser disuadidos con dinero, le cuenta a Hanshiro la historia de otro joven samurai que hace poco vino pidiendo lo mismo.

 

Hara-Kiri

 

La película transcurre en pocos escenarios, con la habitual cadencia del cine histórico japonés. Es un relato que destaca por sus interpretaciones, y la historia conmovedora que subyace, y no por violentas escenas de acción. El corto número de personajes y localizaciones la convierten en un relato sencillo de seguir. Los flashbacks son la estructura principal, como ya lo era en su predecesora, y sirve para contarnos la historia detrás de ese deseo de suicidarse. La venganza, el honor y el amor son los temas que se tratan, y aunque enmarcados en un contexto que nos es desconocido y lejano, son valores universales, más o menos enraizados en toda cultura (a su manera) y que hoy en día son tan necesarios para no olvidarnos de donde venimos y quienes somos.

 

Otro de los pilares del relato es la familia, tan importante en la filosofía cofuncionista llegada a Japón donde cuajó perfectamente con las ideas budistas. La relación mujer-hombre, y los padres con estos, eran dependencias muy estructuradas y definidas, haciendo del conjunto un bloque bien tejido. Si a esto le sumamos el amor, aquel sentimiento que mueve el mundo desde los corazones de los hombres, nos da un resultado en el que si algo marcha mal, la venganza debe ser un plan siempre en la mente de todo humano.

 

Como en 13 asesinos, no nos encontraremos con extrema violencia que hace las veces de columna vertebral del conjunto, si no con otro tipo de estrategias, mas adecuadas a triunfar allende los mares y ganarse el favor de festivales como Cannes y del público sano mentalmente hablando.

 

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