Kiseki (Milagro)

Kiseki (Milagro): Cómo mirar siempre hacia el futuro

Hirokazu Kore-Eda es uno de los máximos exponentes actuales del cine japonés. Tiene las características de los grandes directores: sus fetiches y traumas, obsesiones y discursos que trata en cada una de sus obras. A su vez la calidad de todos sus films está a gran altura, sabiendo retratar una parte muy importante de la sociedad japonesa: la institución familiar y los niños.

 

Milagro (Kiseki) tiene todos esos elementos, pero se salta la media de la calidad de sus otras películas para sobresalir por encima de ellas. La figura del padre vuelve a retratarse como un ser poco competente a la hora de ejercer como tal, un padre que en este caso fracasa en su labor por la falta de objetivos y tener una mente ligera, libre, indie, y no por ser tosco u obsesionado con el trabajo.

 

Kiseki (Milagro)

 

La historia nos cuenta la relación entre dos hermanos, Koichi y Ryunosuke, que por culpa de la ineptitud de sus padres, se ven separados y uno vive con la madre y otro con el padre, en dos ciudades diferentes: Fukuoka y Kagoshima, ciudad donde el volcán Sakurajima escupe cenizas constantemente y nadie parece preocuparse. Kore-Eda construye un relato que nace de un evento real, la inauguración de una línea de ferrocarril de alta velocidad entre las dos ciudades. Se dice que cuando los dos primeros trenes se cruzan en sus caminos en sentidos opuestos, se genera una energía y se puede pedir un deseo. De esta forma ambos hermanos deciden encontrarse en mitad de camino para pedir volver a vivir juntos.

 

Es un relato cimentado en actuaciones de infantes, como ya lo hacia en Nadie Sabe con los riesgos que ello conlleva. Los dos protagonistas son dos hermanos en la vida real, los hermanos Maeda, cosa que ayuda en gran manera. Uno hace el papel de hermano mayor, responsable aunque soñador, y el otro el papel cómico, pero más maduro en algunos aspectos. A su vez los dos hermanos tienen su grupo de amigos, por lo que el reparto es infantil en su mayoría, quedando los adultos en un segundo plano. Un magnífico elenco de actores, que interpretan sus personajes con inocencia y criterio al mismo tiempo. Al final todos deciden pedir un deseo y acompañar a los hermanos.

 

Kiseki (Milagro)

 

Como las demás películas escritas por el director, nos encontramos ante un drama, como es la misma existencia, pero con toques cómicos, igual que la vida real. Y al igual que en Nadie Sabe los pequeños parecen demasiado avispados para su edad, cosa que no chirría en una sociedad como la japonesa. Las fases cómicas son excelentes y  quedan perfectamente incrustadas dando respiros a la narración.

 

Otro aspecto importante es la música de Quruli, famoso grupo de rock japonés que pone banda sonora a este fantástico relato de positivismo, de milagros, con su parte realista, pero dejando volar la imaginación. Nos dan una lección de lo que es la vida, de seguir hacia delante, bien por la inercia o bien por la voluntad y la ilusión, sabiendo que los sueños pueden no cumplirse. Enorme relato para estos tiempos.

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