Cinema Paradiso

Cinema Paradiso: Un entrañable guiño a la historia del cine

Conocemos una gran variedad de películas que hablan del amor entre dos personas, algunas muy buenas e inolvidables como Casablanca y otras muy poco recomendables y olvidables a los escasos minutos de haberlas visionado. Pero pocas películas hablan del amor por el cine y muy pocas, por no decir sólo una, lo hacen bien. Hablamos de Cinema Paradiso, película franco-italiana, con un Oscar a Mejor Película de habla no inglesa y que gira en torno al cine y su progresiva evolución desde la mirada de un niño que irá creciendo a la par y que, al alcanzar la edad adulta, irá rememorando a lo largo de largometraje su infancia y adolescencia en su pequeño pueblo natal.

 

Cinema Paradiso

 

Lo más extraordinario del film es cómo un lugar, un edificio, adquiere el mismo protagonismo que cualquiera de sus actores principales. La trama se desarrolla en torno a las paredes, el proyector, la pantalla, los asientos, etc. Incluso la pequeña ventana situada al lado del proyector que permite ver el transcurso de la película, se convierte en uno de los escenarios principales.

 

Hablamos de una película que hace entrañable cualquier lugar del pueblecillo donde tiene lugar la historia y esto se consigue en parte gracias a uno de los aspectos más importantes del film: la banda sonora. Compuesta por el genio Ennio Morricone, esta exquisita composición que transcribe fielmente los sentimientos que quiere plasmar el director. Sí, en un principio ese es el fin de toda banda sonora, pero en muchos casos se torna en un mero acompañamiento o en un ritmo bailongo que busca el aprobado fácil del público. En este caso, Cinema Paradiso hace bien sus deberes y nos deleita con una música tierna, entrañable y que pretende alterar al espectador.

 

Cinema ParadisoSon muchas otras cosas las que hay que alabar de este film prodigioso como por ejemplo, los personajes. Por la sala de cine pasan toda clase de personajes emblemáticos como el cura que censura las escenas de «besos», los enamorados, los chiquillos que acuden a ver a sus héroes… No sobra ninguno, cada uno aporta una pieza de puzzle indispensable para conjugar esta obra de arte; desde el personaje principal Totó, enamorado del cine y que busca en Alfredo, el proyectista, al padre que nunca tuvo, hasta el loco del pueblo, cuya aparición en determinadas escenas añade un plus de humor.

 

El desarrollo de los personajes y las relaciones existentes entre ellos, -todo ello enmarcado en la segunda mitad del siglo XX-, y en torno al cine Paradiso, el edificio central del pueblo, sumerge al público en una trama donde el amor, las carencias afectivas, la amistad, la añoranza, la inocencia, la perseverancia o el dolor se dan cita, conjugando una serie de historias en una sola.

 

Son dignas de mención algunas escenas como aquélla en la que Alfredo desplaza el proyector hacia las fachadas de las casas vecinas para aquellas personas que se quedaron sin poder ver la película dentro del cine. O cuando Totó se esconde detrás de las cortinas del cine para ver las películas que está censurando el cura y así poder disfrutar de esas escenas amorosas que después no aparecerán.

 

En el caso de la primera escena, vemos como Alfredo tiene la ingeniosa idea de usar un cristal para reflejar la imagen del proyector en la fachada de las casas para complacer a los lugareños. El espectador se siente sumergido en esa escena; sigue atentamente como el proyector se va moviendo lentamente hasta llegar a las casas. La magia que irradia el suave desplazamiento de la cámara siguiendo la imagen del proyector hace que el espectador contenga la respiración. Seguidamente, la sonrisa amplia de Totó al descubrir la hazaña de Alfredo y la ilusión que irradian sus ojos, consigue que el público se sienta también maravillado y se contagie de esa alegría. Es el conjunto de pequeños detalles bien armonizados lo que consigue que determinadas escenas provoquen una sonrisa o una lágrima en el espectador y Cinema Paradiso supo como hacerlo.

 

En definitiva, Cinema Paradiso son muchas películas en una, presenta toda una amalgama de emociones que transportan, tanto a jóvenes como a los no tan jóvenes, a sus momentos de la infancia. Uno termina de ver la película y piensa directamente en su infancia, se contagia del sentimiento de nostalgia que experimenta Totó en su butaca y, en muchos casos, uno no puede evitar que caiga esa lagrimilla en recuerdo a la inocencia, la felicidad, la ingenuidad y el amor incondicional que sentíamos cuando no éramos más que unos renacuajos.

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