De Nicolas a Sarkozy (La Conquête)

De Nicolas a Sarkozy: El hombre tras el político

 

Hace un par de años una amiga mía, francesa ella, me comentó que en el fondo todos los franceses odian a Nicolas Sarkozy, pero que la ausencia de alternativas y su incansable actividad terminan haciendo que los mismos que le detestan le voten una y otra vez. Xavier Durringer, director afincado en el terreno de las TV movies, decide ahondar en este polémico personaje, más concretamente en cómo ascendió a la presidencia del país a la par que destruía su matrimonio con Cécilia Attias.

 

 

Denis Podalydès y Florence Pernel como Nicolas y Cécilia Sarkozy

 

 

Poca sangre:

 

En lo que llevamos de año hemos visto desfilar por nuestros cines a Margaret Tatcher, J. Edgar Hoover y, ahora, a un Sarkozy que comparte con los otros dos una muy buena caracterización, esta vez de mano de Denis Podalydès, y un viaje a la gran pantalla de lo más suavecito. Quiero decir, por las polémicas decisiones que tomó siendo Ministro de Interior (en la época de los disturbios en los suburbios de París) o e Economía (la liberalización de France Télécom) se pasa de puntillas, centrando el argumento del filme en la parte más personal del protagonista. Parte que, por otro lado, conocemos excesivamente bien en este caso, ya que los problemas de pareja de Sarkozy fueron tema de conversación en toda Europa hace no mucho tiempo.

 

Como resultado, esta cinta nos deja con ganas de haber visto esa otra cara de Sarkozy, la que no se cuenta y que bien daría para otros 105 minutos de película. Quién sabe, quizá dentro de unos años podamos ver De Sarkozy a Nicolas.

 

Pequeños galos de grandes ambiciones:

 

Haciendo referencia a la tensa relación entre Jacques Chirac (Bernard Le Coq en la película), Dominique de Villepin (Samuel Labarthe) y Sarkozy los dos primeros se refieren a éste por el poco cariñoso apelativo de “enano ambicioso”. En la historia de Francia hubo otro personaje que destacó por ambas cualidades y la verdad es que resulta escalofriante ver las similitudes entre ambos.

 

A nivel físico tanto Napoleón como Nicolas levantan poco más que 1’65 metros del suelo y a ambos se les puede reconocer por su ambición desmedida para ocultar sus optras carencias, por ejemplo las que se refieren a lo personal (quizás Joséphine de Beauharnais y Cécilia habrían sido buenas amigas). Pero si nos alejamos de consideraciones tan banales podemos ver como tanto uno como el otro se han hecho con el control de la mayor parte de Europa (militar o políticamente) y han conseguido llevar por dónde han querido a nacionales y extranjeros, el mejor ejemplo de todo esto lo pone la propia película, con su título en francés: La Conquête (La Conquista). Queda por ver si al actual presidente de Francia lo terminan exiliando a la isla de Elba.

 

 

Bernard Le Coq y Denis Podalydès como Chirac y Sarkozy

 

 

La política, ese circo:

 

El gran circo mediático que supone el mundo de la política queda muy bien retratado en esta película y constituye uno de los grandes aciertos de Durringer. La cinta nos muestra, no sin ciertas dosis de humor, cómo hasta el más nimio detalle de la vida del ministro es captado por las cámaras de televisión, que él mismo utiliza para sus propios fines propagandísticos y que amenazan con terminar volviéndole loco cuando su matrimonio se deteriora y no puede refugiarse en la soledad para lamer sus heridas. Incluso la propia banda sonora del filme, de la batuta del siempre maravilloso Nicola Piovani (conocido sobre todo por su trabajo en La Vida es Bella), nos trae unas simpáticas reminiscencias circenses que hasta el espectador más despistado sabrá captar.

 

En resumen:

 

Podría haber ido más a machete con la vertiente política de uno de los hombres del momento en Europa y haberse convertido en un filme en boca de todos. Sin embargo, De Nicolas a Sarkozy se queda en una poco más que interesante reflexión de cómo el poder nos arrebata la humanidad y nos aísla de quienes más queremos.

 

Acerca de RJ Prous

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En la soledad de mi beca Séneca en Zaragoza aprendí a amar el cine mierder. Volví a Madrid para deambular por millones de salas y pases de películas para finalmente acabar trabajando con aviones. Amante del cine y de sus butacas, también leo muchos cómics y, a veces, hasta sé de lo que hablo.

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