El Ilusionista

El Ilusionista: Sonrisas por lágrimas o viceversa

Nunca me gustaron las películas de animación. No soy una gran apasionada de los cómics ni dibujos animados y me produce una convulsión mental los cómics míticos llevados al movimiento en la gran pantalla.

 

Fui con la idea preconcebida de que El Ilusionista, no iba a suponer nada en mi vida, no me iba a aportar nada, pero he de reconocer que me llenó bastante. Jean-Claude Donda, es un protagonista elegante, de figura lánguida que transmite un halo de tristeza, de ternura y de miseria. Es el personaje capaz de arrancarte una sonrisa tierna (más de uno soltó buenas carcajadas que resonaban en el silencio de la sala) e incluso capaz de darte ganas de llorar. Si a este personaje le ponemos como principal complemento una niña; Eilidh Rankin,  puede que nos cause más ternura o más pena, ya que la niña es un personaje mustio que trabaja en el lugar en el que el ilusionista va a actuar y a alojarse. La niña se muestra servicial, se dedica a limpiar, y él se lo agradece. Parece que la niña demuestra a cada momento ese egoísmo propio de la mayoría de los niños. Ve algo que le gusta, se lo enseña al ilusionista y él se lo regala. Ella piensa que siempre debe de ser así. Esto supondrá un gran esfuerzo para él, que deberá de mantenerse a sí mismo y a la joven. Viajan juntos y durante un tiempo convivirán en una relación paternal, un tanto extraña bajo mi punto de vista. Ella cocina, mantiene la habitación donde se hospedan decentemente limpia y se dedica a dar paseos y a querer crecer y vestir como una mujer. Él luchará por trabajar dignamente y tratará de mantener a la joven tal y como ella quiere, es decir, atender a sus caprichos. Hay un tono de gravedad durante toda la película que acaba por angustiarte si eres una persona perceptiva. De no ser así, puedes llegar a cerrar los ojos y evadirte de la historia durante un buen rato ya que el diálogo es más bien escaso. El subtitulado de algunas palabras era inexistente y obviamente ciertos gestos eran más fáciles de interpretar por sí mismos que mediante palabras.

 

El Ilusionista

 

Otros personajes merecen mi mención. Un triste payaso al borde del suicidio, un artista que se ve obligado a mendigar y a vender su marioneta por la falta de trabajo o de éxito…me resultaron una representación de desgracias laborales que hicieron que al final acabara llorando.

 

Pero salí satisfecha de la sala. Reí, lloré y disfruté gracias a una película única. El dibujo increíble unido a una gran calidad en algunos efectos hacen que te envuelvas en una historia especial que no te permite quedarte al margen.

 

Puede que la magia no exista, pero los sentimientos ahí quedarán.

 

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