Manuale d'amore 3

Manuale d’amore 3: No apta para hiperactivos

Para aquellos que no hayan visto las dos cintas anteriores de Manuale d’amore, el argumento de ambas gira en torno a los ciclos del amor. Desde la pareja de jóvenes enamorados que se quieren casar, pasando por el matrimonio en crisis, hasta el adulto entrado en años que se encuentra solo o abandonado, ya sea por traición o porque se ha acabado el amor.

 

En esta tercera parte el director Giovanni Veronesi sigue el esquema de las anteriores, pero el protagonista esta vez es el ciclo de la vida en lugar del amor. Se presentan las tres grandes etapas vitales con el amor en segundo plano: juventud (enamoramiento), madurez (crisis del matrimonio) y vejez (soledad). El amor sí aparece, pero priman las diferentes situaciones a las que una persona tiene que hacer frente a lo largo de su vida según la etapa vital en la que se encuentre.

 

Otro cambio a destacar es que las tres historias no están verdaderamente conectadas entre sí, como ocurría en las anteriores; encontraremos pequeñas reseñas en la última historia a las otras dos, pero su verdadera unión reside en un personaje intermediario: Cupido, el cual aparece en todas ellas con alguna moraleja y la introducción a la siguiente historia. Sin embargo, este nuevo personaje no aporta nada al film en cuestión, es anodino e insípido y llega a causar vergüenza ajena al espectador en algunos momentos, como con su baile al final del film.

 

Manuale d'amore 3

 

Lo más destacable de Manuale d’amore 3 es la nueva etapa añadida por el director: la vejez. Se nos presenta a un Robert de Niro entrado en años que ha cesado en su búsqueda del amor y a una Monica Bellucci cuya aparición cambiará su vida para siempre. Aquí Veronesi trata un nuevo tema: uno no decide cuando deja de amar. Siempre puede surgir un nuevo amor cuando uno menos se lo espera. Invita a la introspección, a pensar que uno no tiene por qué encerrarse en sí mismo, que dan igual los obstáculos a superar. Nosotros decidimos y podemos. Por todo esto es la que más cala en la mente del espectador, la que más transmite. Pero esto no quiere decir que las otras dos no lo hagan, al contrario, cada historia deja una pequeña marca.

 

¿Por qué tres entregas con un hilo conductor similar? Digamos que porque no son idénticas entre sí, es como si cada una tuviera algo nuevo que contar. Da la sensación de que el director quería plasmar una serie de ideas y para ello necesitó dividirlas en tres partes. La primera nos presenta los ciclos del amor: enamoramiento, crisis, traición, abandono, pero no termina en el abandono, sino que deja claro que después de esto se vuelve al enamoramiento con la escena final (se plasma el ciclo continuo del amor); la segunda presenta el eros (el por qué una persona puede resultar irresistible a otra con solo su mirada), el matrimonio que quiere tener un hijo perfecto, la pareja de homosexuales que quiere casarse, el maître que vuelve a sentirse joven con su aventura amorosa… Y ahora esta tercera parte que pretende centrarse más en las etapas de la vida.

 

El atractivo de todas las situaciones narradas es cómo el director las acerca al espectador. No parecen lejanas e idealistas, como ocurre en algunas películas que tienen un final a lo Disney, sino que se trata la vida en pareja de forma realista, aunque algunos momentos parezcan demasiado estrafalarios. En algunos casos, las historias terminan bien, en otras mal; en unas hay situaciones jocosas (como cuando Fabio le pone los cuernos a su esposa con una amante que luego resulta ser una acosadora) y en otras hay realidades difíciles de enfrentar (como cuando Roberto debe decidirse entre comprometerse y aceptar una responsabilidad o volver a la vida fácil). Se pretende abarcar un poco de todo para que cada espectador se identifique con el escenario más cercano a sí mismo.

 

Pero justo esa virtud del film se convierte también en su error más notable. Las tres entregas son demasiado largas para su género. La comedia romántica se caracteriza por entretener y por su corta duración. De ahí que el visionado de cualquiera de las tres películas canse al espectador. Se pretende abarcar todo y eso hace que la película se alargue demasiado. Hubiera sido mejor la fórmula de centrarse en lo esencial, de contar dos historias en vez de cuatro. De decir más con menos imágenes, en este caso. Digamos que en las dos entregas anteriores, el espectador sale con un cúmulo de ideas, pero no se forja una idea definitiva, pues se entremezclan demasiadas historias con apenas diferencias entre ellas.

 

Manuale d'amore 3

 

Sin embargo, también hay que decir que las historias están muy bien contadas, aportan un punto de vista fresco, realista y bastante cercano a la audiencia. Y esto se consigue gracias a los diálogos, con ironías y vueltas de tuerca inesperados, a las situaciones que sacan una sonrisa al público como cuando los actores miran a cámara e interactúan directamente con el espectador y al argumento de cada historia, realista y con alguna extravagancia de por medio, pues en el amor no impera la racionalidad, sino los sentimientos y los impulsos.

 

Y qué es un film sin la presencia de un buen reparto. Veronesi mantuvo en las tres entregas a Carlo Verdone, un acierto en toda regla por parte del director. Verdone demuestra que da igual qué papel le toque, el de un doctor abandonado, maître de un restaurante de lujo o periodista de prestigio, sabe cómo defenderlo. Sus actuaciones son las más realistas de las tres entregas logrando que se llegue a simpatizar con todos sus personajes. Su gesticulación según el momento, el cómo transmite sus sentimientos en cada situación e incluso su papel en escenas algo subidas de tono como cuando hace de gato mientras se acuesta con su amante, hacen de él la estrella de la trilogía sin ninguna duda. El resto actúa correctamente, pero no llegan a su altura, a excepción de los veteranos Robert de Niro y Monica Bellucci, que hacen de la tercera y última historia la mejor de todas.

 

En definitiva, para los que aguanten fácilmente en el cine un par de horas, Manuale d’amore 3 no será una pérdida de tiempo. Es un film que transmite toda una amalgama de sentimientos según el momento o la historia: amor, ternura, ilusión, alegría, risa, tristeza, etc. Al terminar, nos sentiremos confusos, como si acabásemos de bajarnos de una montaña rusa de emociones. A veces la función del cine es impactarnos, dejarnos imbuidos de sensaciones y reflexionando sobre el camino elegido. Manuale d’amore llega a ser un ejemplo de ello porque todos hemos pasado alguna vez por el enamoramiento, el desengaño, la traición o el abandono, ciclos del amor imposibles de evadir.

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