Melancholia

Melancolía: Depresiva oda al fin del mundo

Si había alguien capaz de rodar una película sobre el fin del mundo ese era Lars von Trier. Provocador e irreverente, nadie sabe caminar como él entre la angustia, la conmoción y la más absoluta tristeza. En Melancholia pretende alucinar al espectador mediante una serie de magníficas imágenes astrales, hipnóticas y de mucha belleza, sin embargo, se olvida de lo políticamente incorrecto ofreciendo una obra dócil y fácilmente comestible.

 

El director danés ha montado su película empezando por el final para que a nadie le dé por pensar que igual la tierra se salva. No, morimos todos. El apocalipsis se verá escenificado a través de dos hermanas, Justine (Kirsten Dunst) y Claire (Charlotte Gainsbourg). La primera de ellas celebra su boda con una ostentosa fiesta que prepara la segunda. Mientras, el planeta Melancolía avanza inexorablemente hasta la tierra.

 

Melancholia

 

La angustia que desprende la trama consigue atrapar al espectador. El depresivo cineasta ha rodado la disaster movie más íntima de la historia. Centrada en un opulento castillo la historia se divide en dos partes diferenciadas.

 

En la primera se narra la boda de Justine con ésta como personaje central. Al comienzo la película adquiere un carácter de comedia amable pero la risa se va desdibujando cada vez que un plano se centra en el personaje interpretado por Kirsten Dunst. Su complejo carácter parece impedir su propia felicidad. Los demás invitados irán mostrando paulatinamente sus esperanzas y miserias. Entre ellos destacan el padre de la novia, un entrañable John Hurt, la amargada madre que Charlotte Rampling interpreta muy correctamente y el jefe de la novia con el que Stellan Skarsgård saca su lada más cabrón.

 

La segunda parte es una cuenta atrás hasta el choque de Melancolía con la Tierra, aquí el personaje central es Claire. El marido de ésta es un personaje muy típico en las películas de von Trier, el hombre racional que acaba no siéndolo cuando la vida le aprieta. Kiefer Sutherland realiza un gran trabajo dotando a su personaje con puntuales toques cómicos.

 

Melancholia

 

Resulta que la idea que originó Melancholia vino de una conversación entre el realizador y Penélope Cruz. Y ésta iba a ser la actriz que interpretara a Justine, pero por motivos de incompatibilidad profesional Trier se decantó por Kirsten Dunst. El trabajo de la niña prodigio es magnético. Su capacidad para interpretar a un ser tan perdido y melancólico como Justine significó el premio de mejor actriz en el Festival de Cannes. Por otro lado, la actuación de Charlotte Gainsbourg es lo suficientemente intensa para aguantar el pulso de Dunst, pero no impresiona ni conmueve demasiado.

 

Esta vez, la cámara es más pausada que de costumbre aunque se vislumbren detalles del Trier original, como algunos planos desenfocados o mal encuadrados. La fotografía sin embargo, es impoluta. Tan limpia y atractiva que no parece una película del director de Los idiotas. El hilo conductor que acompaña al drama es el Tristan and Isolde de Richard Wagner, tremendamente bien elegido.

 

Lars von Trier ha querido hacerse el esteta y se ha olvidado de incomodar y emocionar de verdad. Muy lejos del Dogma 95 que él mismo ayudó a crear, a esta película le sobra preciosismo y le falta vértigo. Se añora un buen golpe en el estómago como el que aturdió a los espectadores en Bailar en la oscuridad o un devastador drama que conmueva como lo hizo Rompiendo las olas. Al director danés no le debería valer con una bonita oda al fin del mundo ni tampoco con unos desafortunados comentarios sobre lo simpático que le cae Hitler. Sabe hacerlo mejor.

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