Verbo

Verbo: Reivindiquemos la belleza

De vez en cuando alguien nos sorprende y nos recuerda que la imaginación es el arma más poderosa que existe, que en el cine no está todo escrito y nos invita a experimentar nuevas emociones. Esto es Verbo, una bella rareza definida por la originalidad de su mensaje (aunque no lo parezca) y de la forma que lo envuelve.

 

Chapero-Jakcson, su director, nos invita a seguir a Sara en una especie de viaje iniciático en el que la fantasía y la realidad no siempre son mundos alejados entre sí. Con las Alicias a través del espejo o los viajes de Chihiro presentes, Verbo elabora un nada sutil manifiesto que aboga por la belleza (interior y exterior) y una actitud positiva (luchadora) ante la vida, más aún cuando las dudas y el miedo son un terrible enemigo.

 

Verbo

 

Y aunque este sea un tema manido como tantos otros, lo que hace a este realmente original es su carácter reivindicativo ante una actitud de vida. Este mensaje tan claro de autodescubrimiento, de ser uno mismo y de lucha ante las adversidades, sin dar lugar a los matices o los peros y que es catalogado por mucha gente de ingenuo, no deja de ser, en el fondo, el mismo mensaje que defiende Nach (muy presente en la película) y nadie acusa al rapero alicantino de ingenuo.

 

Los mensajes ingenuos pueden ser los más poderosos y efectivos, más aún cuando el público sobre el que se pone la mirada vive en la misma incertidumbre que la protagonista. Verbo es una película que necesita ser vista con la mente abierta.

 

Si a un discurso como este le sumamos su forma plagada de referencias a la cultura del hip-hop (graffitis, rimas, skaters, batallas de gallos y algún que otro cameo) y una amalgama de recursos narrativos que van de los videojuegos a la animación, la película se erige como una voz propia dentro de una industria que, al igual que la realidad presentada en la pantalla, en demasiadas ocasiones es fuertemente alienante y carente de imaginación.

 

Verbo

 

A Verbo, sin embargo, se le pueden reprochar un par de cosas. La primera es su pomposa realización y sus movimientos de cámara para la galería. Da la impresión de que el director quiere mostrar lo que es capaz de hacer, como si de un corto se tratara. Quejas menores.

 

El otro reproche es al mismo tiempo su gran virtud. Es una película tan arriesgada y dirigida (en apariencia) a un público tan concreto que necesita de nuestra complicidad desde el minuto uno. Verbo requiere que entremos en el juego para poder disfrutarla como se merece. Si no queremos o no somos capaces de hacerlo es que ya es demasiado tarde para nosotros.

Acerca de Daniel Lobato

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El padre de todos, pero como a Odín, se me suben constantemente a las barbas. Periodista de vocación cinéfila empecé en deportes (que tiene mucho de película) y ahora dejo semillitas en distintos medios online hablando de cine y cómics. También foteo de cuando en cuando y preparo proyectos audiovisuales.

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