Micmacs: La belleza de la casualidad

Jean-Pierre Jeunet es quizá el mayor referente del cine francés actual. Al menos en el campo de la dirección, porque en el de la interpretación ahora Dany Boon es quien se lleva el gato al agua. Para esta función han unificado fuerzas y creado una historia con una premisa interesante por enrevesada, con un gran presupuesto a sus espaldas, pero que pierde fuelle hasta el punto de llegar a un final completamente olvidable.

 

Al igual que en el resto de su filmografía, Jeunet coge una historia sencilla en la que los ingredientes básicos son las casualidades, los cruces inesperados y las maniobras más descabelladas que disfrazan muy bien esa simpleza.

Sin embargo, pese a que es un maravilloso cuentacuentos, es uno de esos cineastas que por dejar claro su sello como autores dan la sensación de acabar haciendo la misma película una y otra vez. Con Micmacs contentará a sus afines pero no ganará adeptos.

 

Situaciones como la que supone el punto de partida son un buen ejemplo de la imaginería del francés. Coincidencias trágicas que devienen en acciones más insospechadas si cabe, buscando siempre el más difícil todavía. El problema de ir siempre a por la sorpresa por medio del artificio es que al final no se sabe por dónde salir y acaba todo en una orgia de confusión.

 

Porque el inconveniente de las coincidencias es que la trama no puede avanzar únicamente gracias a ellas. Son resultonas y en algunos casos maravillosas (la apertura de Magnolia son seis de los mejores minutos de los últimos años cinematográficos), pero si se usan de manera continua, el espectador acaba por no creerse nada.

 

Lo que no puede discutírsele son una narrativa y una factura propia. Delicatessen, La ciudad de los niños perdidos, Amélie… todas ellas tienen un tono peculiar en el color, una fotografía y una puesta en escena cuidada al milímetro, repartos sin altibajos y un humor entre lo macabro y lo infantil muy particular.

Dany Boon cumple, pero no luce como cabría esperar estando orquestado todo en torno a él. Es un gran guionista y director, pero la supuesta vis cómica que llena cines en Francia aquí no hace acto de presencia.

 

Del resto del reparto, sobresalen los dos malvados enemigos del protagonista André Dussollier y Nicolas Marié, muy correctos y bien ayudados por los tiros de cámara y la puesta en escena en su afán por conseguir villanos temibles y el sempiterno fetiche de Jeunet, Dominique Pinon, quien simplemente con su rostro ya se gana la atención.

 

Así pues, Micmacs supone un nuevo paso en la fantasía urbana de Jeunet, con grandes pretensiones pero resultados poco más que correctos.

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