Pánico en la Granja

Pánico en la Granja: Juego de niños

Llega a nuestro país la adaptación de los cortos televisivos belgas Panique au Village, un toque de frescura muy gamberro para el mundo de la animación infantil. Nos encontramos ante un largometraje del que no podemos destacar su guión, ni sus efectos, ni tan siquiera su música, sino la capacidad de ponerse en el lugar de un crío de 5-6 años para mimetizar la manera de jugar y contar historias que se tienen con estas edades. Pero su principal virtud puede ser también su principal defecto, vayamos por partes.

 

Pánico en la Granja

 

Sin pies ni cabeza:

 

Pánico en la Granja se desarrolla a través de saltos argumentales prácticamente inconexos, tal y como construiría una historia un niño. Y es precisamente con la mentalidad de un niño con la que se ha de analizar esta obra, ya que su humor, burdo y deudor del slapstick hasta el extremo, sólo puede ser perfectamente dirigido por este tipo de público, cuya escasa capacidad para centrar la atención es otra de las bazas que explotan los autores para ganarse el corazón del espectador. Así, nadie se molesta en explicarnos cuál es la relación entre los personajes o por qué pasa esto o aquello porque, ¿acaso un niño se lo pregunta cuando juega con sus muñecos?

 

En la senda de Robot Chicken:

 

El stop-motion utilizado en esta cinta recuerda vivamente al ‘modus operandi’ de los creadores de Robot Chicken, el programa norteamericano que, a través de la animación de muñecos, parodia la realidad desde lo absurdo. Stéphane Aubier y Vincent Patar, en el fondo, hacen lo mismo, pero sin la tremenda mala leche de sus compañeros estadounidenses, dirigiéndose a un público más amplio.

 

Por otra parte, resulta muy positivo en una época en la que muchos optan por vender cualquier relato pasteloso o, simplemente, por apabullar visualmente a los niños, que surjan proyectos como éste, que buscan ofrecer algo distinto (ni mejor ni peor) a los chavales.

 

Mayor virtud, mayor debilidad:

 

Pero, tal y como comentaba al principio, toda la frescura que aporta la manera de ser de Pánico en la Granja tiene una gran potencia en el terreno del cortometraje, pero pierde fuelle en un largo, aunque éste dure poco más de una hora. Más allá de la mitad de la cinta los ojos se desvían sin querer cada vez más a menudo a las manecillas del reloj y la carencia de un guión bien estructurado deja de convertirse en un elemento novedoso para resultar un verdadero lastre, contradiciendo una de las máximas del cine infantil: tiene que ser fácil y divertido de ver.

 

Pánico en la Granja

 

En resumen:

 

Atractiva propuesta para los más pequeños de la casa. Los demás podéis salir muy escaldados del experimento o, por el contrario, salir encantados… que ya pasó hace dos años en Sitges, donde se llevó el premio a mejor filme de animación para luego quedar relegada al olvido hasta el día de hoy.

Acerca de RJ Prous

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En la soledad de mi beca Séneca en Zaragoza aprendí a amar el cine mierder. Volví a Madrid para deambular por millones de salas y pases de películas para finalmente acabar trabajando con aviones. Amante del cine y de sus butacas, también leo muchos cómics y, a veces, hasta sé de lo que hablo.

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