«No podemos vivir sin quitar otras vidas«
Sorprendente cuarto volumen de la mastodóntica reedición de I Am a Hero que está editando Norma. El manga de Kengo Hanazawa abandona momentáneamente a sus protagonistas para contarnos una historia que profundiza en parte de lo que hemos visto hasta ahora y deja las semillas de desarrollos futuros que hunden sus raíces en territorios que se van alejando de la simple ficción de apocalipsis zombie para adentrarse en algo que no termino de comprender. Con todo, esta cuarta entrega es probablemente la que más haya disfrutado y en la que el mangaka se permite desmelenarse con personajes creados específicamente para un fin y con la libertad que esto le ofrece a la hora de decidir si mantenerlos con vida o ir cargándoselos poco a poco.
Y es que Hanazawa ya llevaba desde el tomo anterior dejando caer aquí y allá pantallazos de lo que parecía un foro en internet en el que quienes se habían encerrado en sus casas por el virus ZQN (o los que ya llevaban años viviendo como hikikomoris) iban vertiendo sus teorías, esperanzas, miedos y paranoias en general. Ahora, el autor recupera esta herramienta y la convierte en parte central de la trama al rescatar a uno de estos chavales encerrados en su casa para convertirlo en parte de una disfuncional sociedad de renegados que utilizan a un infectado con cierta inmunidad (otro como Hiromi) como escudo y salvaguarda de cara a seguir sobreviviendo. Es a través de este grupo que el mangaka aprovecha para contarnos más detalles de los infectados, como que apenas ven, que tienen un poderoso oído y olfato, que sólo reventándoles la cabeza mueren y que, al parecer, ¡tienen un rumbo migratorio!
«Habría preferido morir«
Estos capítulos sirven también para mostrarnos que todo Japón (y al menos parte de los países colindantes) ha sucumbido a la infección y siguen ahondando en la infinita sensación de soledad de una sociedad a la que le han bastado unos pocos días de caos para desmoronarse completamente. El autor utiliza para esto su espectacular arte (cuesta elegir una sola imagen para ilustrar este artículo, en serio) con tomas aéreas de una Tokio de calles vacías y destrucción por doquier. Pero es cuando comienza a ahondar en la peculiaridad del personaje de Kurusu cuando comenzamos a darnos cuenta de que I Am a Hero va poco a poco a ir abandonando el género con el cual nos conquistó un centenar de capítulos más atrás en el tiempo. La existencia de estos infectados que, en lugar de ponerse a devorar personas, mejoran físicamente y se convierten en ‘algo más allá de lo meramente humano’ cambia las reglas del juego y alimenta las ganas de seguir ahondando en lo que esta historia pretende contarnos.

Esta escena de I Am a Hero – Edición Coleccionista #4 es indescriptible
Y es entonces, cuando más enganchados estamos, que la historia en torno a los chicos de Kurusu parece desvanecerse (ya volverá, estoy seguro) para saltar nada más y nada menos que ¡a Francia! en un capítulo tan jodidamente loco que espero que el director de esta revista tenga a bien permitirme el taco. Lo que este capítulo nos ofrece nos revienta tanto el coco que el capítulo final del volumen, con el regreso de Hideo, Yabu y Hiromi, no sólo se me antoja insípido, sino que me resulta complicado de entender y escrito casi con prisas y como si se quisiera rellenar el expediente. En fin, habrá que esperare al quinto volumen de esta extraordinaria epopeya apocalíptica para ver a dónde nos lleva este viaje.
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