Cinco años después de que los personajes de Mortal Kombat, encabezados por Bi-Han y Hanzo Hasashi (más conocidos como Sub-Zero y Scorpion), desafiaran a una nueva generación de espectadores, los personajes co-creados por Ed Boon (que aquí hace un pequeño cameo) vuelven para el segundo asalto.
Ambientada poco después de los acontecimientos de la primera entrega, Mortal Kombat II sigue una línea continuista respecto a aquella, desarrollando una trama propia que toma como base algunos de los aspectos del reboot de la franquicia de 2011, aunque simplificando sus intrincados giros de guion. De ahí, por ejemplo, que poderosos villanos como el hechicero Quan Chi apenas gocen de una representación muy superficial de quiénes son. Ese es el pacto de la película con el fan de la saga de videojuegos: referencias y guiños a puñados, pero al servicio de una historia que sea accesible para la audiencia neófita.
Así se explica también que un icono de la franquicia como Liu Kang quede opacado en un segundísimo plano. ¿Por qué? Porque a fin de cuentas esto es Hollywood. Es un negocio de estrellas. ¿Y quién es la estrella? Karl Urban. La anterior película se despedía prometiendo la presentación de Johnny Cage como gran reclamo para la secuela; y es en torno a su viaje sobre lo que giran los conflictos de la aventura. El suyo y el de Kitana (encarnada por Adeline Rudolph), porque la máxima es la de dar el protagonismo a las nuevas incorporaciones. Lo curioso es que los temas que aborda MK II son los mismos que trató el primer filme: el crecimiento personal (obviamente Cage), la venganza (la citada Kitana) y la redención.
Hay cierta continuidad respecto algunas de las tramas desarrolladas en la primera parte, pero el peso descansa en los personajes de Rudolph y Urban. Sobre todo en este último, cuyo Johnny Cage se convierte en el centro de atención en cada secuencia en la que aparece. Incluso en las escenas corales, su reacción siempre es la primera que busca el director Simon McQuoid. Lo único que echará en falta el fan de la franquicia es que la adaptación haya obviado el salseo entre Sonya y Cage o Kitana y Liu Kang.
En este sentido no se percibe una evolución de una entrega a otra. Cambio de cromos y escenarios, mismos conflictos. Sorprende la simpleza en el tratamiento de personajes e hitos de la historia cuando el guion viene firmado (además de por Boon y John Tobias, padres del videojuego) por Jeremy Slater, showrunner de Caballero Luna (2022) y uno de los responsables de The Umbrella Academy (2019-24). Desde la siempre distorsionada percepción infantil, uno sale de MK II con la imagen de que la nueva película no supone una mejora sustancial respecto a los filmes originales.
Incidiendo en esta idea, los debes de la anterior entrega siguen presentes, sobre todo en lo concerniente a las coreografías de artes marciales. De donde no hay no se puede sacar y, en general, las secuencias de peleas no aguantan la comparación con el filme klásico. Sí, las bondades de los VFX permiten que dichas escenas luzcan más caras y fieles al videojuego; pero si en lugar de intérpretes con formación como artistas marciales utilizas mocatrices pierdes lo más importante: la sensación de realidad. Si adaptas un fighting game y los golpes no tienen apariencia de reales, tienes un problema.
Irregular en ritmo (hay desequilibrios notables derivados de la falta de profundidad argumental dando lugar a que mientras la trama se crezca con el descaro de Cage, el drama de Kung Lao nos importe bien poco o que vivamos un déjà vu con Noob Saibot y Scorpion), MK II se mantiene fiel a sus pretensiones de producto ligero de una lucha del bien contra el mal sin grises de ningún tipo. Funcional pero, como casi toda secuela, ya sin factor sorpresa de por medio, queda un escalón por debajo de su predecesora.


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