Star Wars: The Mandalorian and Grogu

The Mandalorian and Grogu: Juguetera galáctica

Con el ánimo de recuperar presencia en las salas y ante la ausencia de propuestas que les convencieran para abordar tal empresa, las altas esferas de Disney decidían apostar sobre seguro y encomendar a Jon Favreau la misión de replicar la fórmula de la serie El Mandaloriano a la gran pantalla. No en vano, se trata de la única ficción del universo galáctico que no viene acusando el desgaste del fanatismo ni de la falta de dirección de los despachos, amén de contar don dos importantes reclamos: Pedro Pascal y, sobre todo, Grogu.

 

Star Wars: The Mandalorian and Grogu

 

En una industria -y una franquicia- ávida de nuevos símbolos y filones que exprimir en forma de merchandising, el “bebé Yoda” se convirtió desde su primera aparición en un unicornio capaz de encandilar no solo a los warsies de toda la vida y a las nuevas generaciones de fans; sino también -y este es quid de la cuestión- a los muggles galácticos. Grogu, cual Paul Atreides, se erigía en el único con el poder para unirlos a todos. The Mandalorian and Grogu no hace sino confirmar dicha idea.

 

Favreau, artesano diligente donde los haya (quizás quien más se asemeje a los Ron Howard o Ridley Scott de su generación) vio claros los dos puntos sobre los que construir la película: abordarla como la serie y dar preponderancia al pequeño alienígena. Siempre, como es evidente, respetando la máxima de hacer accesible la historia a cualquiera.

 

Así, más allá de las trazas contextuales dadas por el final de la trilogía original (el imperio ha caído y una Nueva República intenta abrirse camino), poco hace falta para adentrarse en la historia. Ni siquiera es necesario conocer a Djarin o a Grogu de antes. Esta es una película de trama y no de personajes, el trasfondo de los protagonistas no es tan importante como los vínculos expuestos entre ellos y la aventura en sí. De esta manera se ahorra información innecesaria para el público que viene de la serie y no se enmaraña al neófito con subtextos que no se van a desarrollar.

 

Star Wars: The Mandalorian and Grogu

 

Un delicado y peligroso equilibrio que se cobra un peaje. Tal como está estructurada The Mandalorian and Grogu es lícito pensar que en origen era un argumento para la serie y que solo las necesidades de Disney por no perder el pulso a la taquilla llevaron a su reconversión en guion cinematográfico. Con asombrosa precisión se puede trocear la película en tres fragmentos separados que eventualmente podrían pasar por un arco de tres capítulos de la ficción televisiva. Pensad en una OVA en el mundo anime, especiales de mayor empaque que los capítulos convencionales (en cuanto a duración o nivel de producción), independientes de la trama central y secundarios a esta, su visionado expande el universo de los personajes, pero no es indispensable para seguir la ficción. Justo lo que sucede con The Mandarlorian and Grogu respecto a la serie de Disney+.

 

Dada la naturaleza de la serie y la idiosincrasia de su protagonista adulto, un cazarrecompensas que va de aquí para allá cumpliendo su siguiente misión, el conflicto del filme se resume en una misión que sale mal y los esfuerzos por arreglar la situación. Un conflicto que no avanza en línea recta, sino que gira en círculos, llevando a los personajes a pasar por los mismos puntos una y otra vez (recordáis la trama de secuestros/rescates de Avatar: Fuego y ceniza… pues lo mismo). Esto implica no solo la falta de evolución dramática de sus protagonistas, sino -más problemático- la presencia de ciertos momentos valle que ralentizan el ritmo de la narración.

 

En el fondo, sin embargo, esto no afecta a The Mandalorian and Grogu, que desde el primer momento pone sus cartas sobre la mesa. No busca ser un punto de inflexión en la franquicia o relatar una gran historia sobre los sacrificios redentores de la paternidad. Tampoco busca la épica del cine de las aventuras fantásticas. No. Su liga es la de las aventuras familiares y convertir a Grogu en el próximo Stitch o minion que trasunte en el juguete favorito de los peques de la casa.

 

 

Star Wars: The Mandalorian and Grogu

 

Como tal, el pequeño goza de un enorme protagonismo a lo largo de todo el metraje, ya sea usando su adorabilidad como alivio cómico o llevando él mismo el peso de alguna de las secuencias. Es tierno y divertido, pero también valiente y decidido; es el juguete perfecto. Además -aquí han sido muy listos- Favreau y los suyos han decidido huir del digital todo lo posible (hablamos de Grogu), esquivando así las sombras del cringe y del valle inquietante. Apostando por efectos prácticos y marionetas se conserva la magia respecto al personaje, además de apelar a las generaciones que crecimos con el talento de la factoría de Jim Henson.

 

The Mandalorian and Grogu es un blockbuster funcional, de consumo rápido. Excesivamente prefabricado, ni aburre ni deja poso. Lo suficiente como para acabar el visionado buscando en Google dónde encontrar un Grogu al que adoptar. Por el camino, gente como Jeremy Allen White (a quien perdemos en la versión en castellano) o Sigourney Weaver suman un nuevo crédito, aunque como en el caso de Weaver no sea más que un cameo. El debate, para otro momento, es dilucidar el objetivo de la industria actual: vender muñecos o contar historias.

Acerca de Daniel Lobato

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El padre de todos, pero como a Odín, se me suben constantemente a las barbas. Periodista de vocación cinéfila empecé en deportes (que tiene mucho de película) y ahora dejo semillitas en distintos medios online hablando de cine y cómics. También foteo de cuando en cuando y preparo proyectos audiovisuales.

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