«Pensé que mi corazón se había parado«
Mi mejor amigo y yo llevamos conociéndonos aproximadamente la friolera de treinta y seis años. Eso hace que el uno sepa rápido de qué pie cojea el otro, qué cosas nos preocupan y por qué. También resulta que seguimos siendo tan amigos tantos años después porque, con todas las cosas que nos diferencian, hay puntos de conexión y partes en las que nos parecemos tanto que terminamos actuando como reflejo distorsionado el uno del otro. Bueno, pues resulta que si yo ya he hablado unas cuantas veces por aquí (con la excusa de cómics como Pura Locura o Se Está muy sola en el Centro de la Tierra) sobre mis problemas con la ansiedad y sobre cómo ayuda conectar con autores que relatan experiencias parecidas a las que yo ya he vivido, ahora se da la simpática situación de que me he encontrado con un cómic que se ajusta como un guante a las situaciones de ansiedad, catastrofismo y soledad que aquejan a ese chaval que me tiraba terrones de arena en el patio del colegio cuando saltamos del Pre-escolar a la EGB.
Chiflada nos pone en la piel de Dorotea, una chavala que tiene una experiencia mística-intergaláctica cuando es pequeña y que ahora, en ese momento crítico que constituyen los años de la universidad, FP o aterrizaje en el mercado laboral, se traduce en el desarrollo de unos extraños poderes que no hacen sino disparar su ya de por sí elevada ansiedad… Hasta que conoce a Eli, otra chica que comparte sus poderes, pero que gestiona sus ansiedades y preocupaciones de una manera completamente distinta a la suya. Este contacto la comenzará a ayudar a relativizar lo que la pasa a la vez que comienza a controlar sus cambios y a descubrir el mundo que se ha ido perdiendo durante los años que ha pasado encerrada en su propio cascarón.
«Sigo esperando a que me dé un ataque de pánico«
Me parece simplemente genial (poderes místicos aparte), como Joe Sparrow (El Cazador, Harvest) ilustra y traduce este tipo específico de ansiedad y todo lo que ella conlleva en las páginas de este cómic. Hay una conexión tan real, tan mágica y genuina que resulta hasta sanadora. Porque, al igual que le ocurre a la protagonista, es a través del descubrimiento de que no estamos solos en el universo y de que hay muchas, muchísimas más personas (o seres sintientes) que comparten nuestros males y pesares, que somos capaces de relativizar los que a nosotros nos aquejan y tratar de ver (tal y como dice Eli) tanto lo bueno como lo malo que hay en la vida, sin dejar por el camino de ser nosotros mismos. Es precioso no sólo el mensaje que nos manda el autor, sino la manera en que lo hace, poniendo acento en las relaciones que establecemos y en como la amistad nos ayuda y nos salva de nosotros mismos en ocasiones.

Chiflada
Ya lo he dicho en el pasado, pero agradezco infinito que Dibbuks traiga a España esta clase de álbumes porque me parece que son lecturas obligadas para muchos de nosotros en una época en la que la soledad, el aislamiento y la ansiedad se convierten en los enemigos invisibles de toda una generación. Encontrarnos con cómics como el de Chiflada nos ayuda a poner cada cosa en el lugar y el contexto al que pertenece y a relativizar lo justo para no olvidar lo que nos preocupa, pero sin dejar que esto se convierta en la piedra que nos impida recorrer el camino de nuestra propia vida.
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