Norma Editorial publica en doble formato (podemos elegir entre tapa dura y tapa blanda) Resident: Evil: Death Island, adaptación de la película de animación homónima que sigue las aventuras de los principales protagonistas de la saga de Capcom. Un manga muy ameno de leer (sus casi 240 páginas se leen en un suspiro) pensado -sobre todo- para los más cafeteros de la franquicia.
«¡No voy a seguir tus órdenes! ¡¿Crees que soy tu puta mascota?!»
A nada que hayáis jugado a las primeras entregas de Resident Evil (ya sea sus versiones originales o alguno de sus remakes) situaréis con facilidad a su cuarteto protagonista: Leon, Jill, Claire y Chris. Pero si solo conocéis esas primeras entregas se os escapará buena parte del contexto. Y es que, como viene siendo habitual en los acercamientos de la franquicia al mundo del manga y la animación, la historia -dentro del canon- se centra en narrar acontecimientos menores que tienen lugar entre las diferentes entregas.
En concreto, Death Island se presenta como secuela de Resident Evil: Vendetta (que a su vez sigue la línea argumental de las películas animadas anteriores), en algún momento después de Resident Evil 6, pero el contexto de Jill Valentine retrocede hasta los hechos de Resident Evil 5. Parece mucho más lioso de lo que es, porque el argumento de Death Island es lo bastante escueto como para que dichas conexiones tengan poca relevancia. Una supuesta virtud que, en el fondo, revela la simpleza de una aventura cuyo guion es una mera excusa para jugar con monstruos y los protagonistas. Pero si queréis pillar las referencias que se apuntan en sus páginas centraos en RE: Vendetta para situar a los enemigos y en RE 5 para contextualizar el punto dramático en el que encontramos a Jill.
Con esos dos apuntes raro será que se os escape algo de Death Island, una historia que, como decimos, reviste poco interés para el desarrollo de sus personajes. Su función es la de dotar de estructura al encuentro de sus protagonistas (cada uno empieza desconectado de los demás, centrado en su propia misión) y las zombificadas amenazas a las que deben combatir. Por ello, si no sois fieles seguidores de la franquicia no vais a encontrar muchos alicientes para buscarle un acomodo en vuestras estanterías después de su lectura. Teniendo esto presente, sorprende la apuesta de Norma Editorial por traer el manga tanto en rústica, como en tapa dura. Una edición casi de lujo (tamaño kanzenban y con los diseños de los protagonistas como pequeño extra) para un cómic que es puro fanservice. Como decimos en el título, recomendado para cafeteros zombis.

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