«Lo cierto es que lo único que buscaba era gloria«
Ocurre una cosa con esta saga. Desde el principio todos los lectores tenemos que hacer un esfuerzo por aceptar la suspensión de la incredulidad que supone ver a Muerte como benigno emperador de la Tierra sin que nadie, NADIE, excepto los tontos héroes de siempre, se ponga en su contra por, no sé, ¿haber sido desde siempre un completo mamonazo y una amenaza para los humanos? ¿Dilapidar todas las democracias mundiales de un plumazo? Pero bueno, como nos interesa la historia que nos quiere contar Ryan North y la crítica que ésta encierra es estupenda, tragamos y tiramos para adelante. El problema llegó con el Un Mundo Bajo Muerte #6 que leímos hace nada. Cuando de repente se nos decía que los poderes de Muerte no es que fueran la leche por ser los del Hechicero Supremo, sino que provenían del secuestro de gran parte de los habitantes de Latveria todo comenzó a sonar muy conveniente para poder tildar al personaje de maníaco de cara al resto de la humanidad.
Si la mayor fuente de poder de Muerte eran sus propios ciudadanos, ¿por qué había necesitado proclamarse Hechicero Supremo primero? ¿Y por qué a ningún otro mago le pareció que Muerte era todavía más poderoso de lo que había sido Extraño nunca? Cierto es que en un momento determinado se le recuerda que cada conjuro conlleva un precio que él no está pagando, pero nada nos hace sospechar en ningún momento que haya algo muy turbio detrás de los poderes del emperador de la Tierra. Simplemente se quedó con el manto de Stephen después de la crisis vampírica y nunca quiso devolvérselo después.
«Nunca ha podido ser lo bastante abierto de mente…«
Después de la revelación del número anterior la antes citada suspensión de la incredulidad se rompe y, entonces, cada cosa que se nos plantea nos parece aún más descabellada que la anterior. Me he dado un paseo por la sección de comentarios acerca de este cómic en Whakoom y hay toda una colección de críticas: que si acabamos de volver al punto de partida pero con los Vengadores como los buenos de la historia, que si vuelta a la violencia como herramienta para zanjar las disputas y, sobre todo, que si lo del Científico Supremo es una patochada (que lo es y de verdad me pregunto si se atreverá algún otro autor a reutilizar esta basura argumental en algún futuro, porque es terrible…). Uno no puede vendernos al líder inmaculado supremo para luego contarnos que ‘¡ah, se me olvidaba! Resulta que Muerte le está sorbiendo la vida a sus súbditos‘. Entre otras cosas porque eso hace que las posteriores relecturas de esta saga nos sepan a poco más que ceniza.

Hay que reconocer que algunas de las ilustraciones de R. B. Silva son la caña
Y todo esto con la certeza de que este Un Mundo Bajo Muerte #7 es un buen cómic (si quitamos la parte de Reed Richards, claro). La crítica que subyace detrás sigue siendo válida y es cojonuda: nos cuenta cómo cuando se le cae la careta al emperador benevolente y éste deja de contar con el favor de la gente, se convierte irremediablemente en un monstruo que busca mantener dicho poder a través de la opresión y de la violencia. Esto es así en los cómics que nos trae Panini y en el mundo real. Sospechad siempre de quien trate de silenciar a un medio de comunicación no afín, porque si llega a ostentar el poder absoluto nunca permitirá una voz disonante.
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