Desde la «exótica» Kazajistán nos llega Divinum, un metroidvania de estética pixel art desarrollado por el solo dev Sigil Games. Divinum es, además, su carta de presentación. ¡Y menuda carta de presentación! Con unas bases jugables ancladas en el metroidvania, el juego presenta un combate deudor de los hack & slash y una muy gratificante exploración de mundo. Pendiente de su lanzamiento en consolas, Divinum actualmente está disponible en Steam.
En Divinum encarnanos a Fjor, cuyo pueblo isleño se ve de pronto amenazado por dos frentes diferentes: uno sobrenatural compuesto por criaturas y muertos salidos de sus tumbas y otro proveniente de las fuerzas imperiales del continente que quieren hacerse con los secretos mágicos que su gente lleva custodiando durante generaciones. Grosso modo este es el planteamiento inicial de la propuesta, en la que nuestra protagonista va adquiriendo diferentes habilidades al superar pruebas de sus ancestros con las que encarar el mal que amenaza a los suyos. Poco más. A nivel narrativo Divinum no profundiza mucho más. Alguna sentencia esporádica al descubrir y activar algún altar, pero la historia tiene los mínimos elementos que le permiten justificar nuestro viaje.
El fuerte de Divinum descansa sobre sus planteamientos jugables. Y ahí descubrimos una de las propuestas más interesantes que nos ha deparado el género en este 2026.
La base, como decimos, es el metroidvania con su laberíntico mapa de zonas interconectadas, su progresión basada en la exploración y adquisición de habilidades y el obligado backtracking para acceder a nuevas zonas antes bloqueadas por la falta de alguna habilidad concreta. A este respecto quizás el mapa no sea de los más grandes (por suerte) que nos ha deparado últimamente el género, pero sí es uno de los más gratificantes a la hora de recorrerlo. Los inputs de los saltos y carreras están bien medidos, es bastante preciso en el plataformeo y la progresión es siempre orgánica y satisfactoria, con un acertado tempo en el descubrimiento de habilidades/secretos y encuentros con jefes.
Pero, sobre todo, es una propuesta que no resulta frustrante para el jugador. Si bien no hay niveles de dificultad, hasta el menos ducho verá recompensada la constancia. Divinum es exigente, pero la precisión de los comandos y movimientos hacen que los obstáculos sean solo cuestión de tiempo. Si sois unos hachas en poco menos de cuatro horas y media podréis finalizar la aventura (en Internet hay algunos gameplays con esos tiempos) y si sois sparrings, como nosotros, puede que pasadas las doce horas aún estéis lidiando con algún jefe o endiablada sección de pinchos. Y con esas, muchas de las horas «perdidas» las habréis dedicado a completar los retos secundarios u opcionales.
El juego de Sigil Games es sumamente agradable a los mandos porque el sistema de habilidades y runas de las que disponemos nos permite adaptar el personaje a nuestro gusto, buscando sinergias entre habilidades pasivas y ataques especiales. A esto le sumamos un combate que bebe de los hack and slash, incentivando la sucesión de ataques y los combos (que dispone de un medidor que puede desbloquear un modo furia para hacer aún más daño a los enemigos). Cuando dominéis los controles os veréis protagonizando finas y mortales coreografías que poco tienen que envidiar a los grandes del género. Al menos en lo que disfrute jugón se refiere. Y eso es lo más importante.
Además, volviendo al tema de la exploración, desde el principio tenemos habilitado el viaje rápido desde cualquier punto del mapa a alguno de los altares que hayamos descubierto. Simplemente abrimos el mapa, seleccionamos el altar que nos interesa y aparecemos allí. Esto, reconoceréis, imprime un destacadísimo plus de calidad de vida. Olvidamos de hacer piernas con Fjor yendo de aquí para allá para recorrer el mapa.
En su contra tiene, sin embargo, un exceso de secciones marcadas por oleadas de enemigos. No es un mal per se, pero puede fastidiar a quien no disfrute del excesivo acoso y derribo de los enemigos en pantalla. Pero como no hay reto sin recompensa, estas oleadas dejan un buen porrón de monedas (o cristales) indispensables para comprar las numerosas mejoras a nuestra disposición, que son muchas y caras. Quizás ahí esté el gran desequilibrio de Divinum, desbloquearlo todo requiere dar cuenta de muchísimos enemigos.
¿Y bugs? Algunos tiene. En nuestra experiencia no empezamos a notarlos hasta pasadas cuatro horas seguidas intentando sobrevivir con Fjor. ¿Y qué nos encontramos? Principalmente enemigos que aparecían emparedados y algún congelamiento de la pantalla en medio de la acción. Molestos, pero puntuales y nada dramáticos. El más grave -que nos obligó a salir al menú principal y cargar partida- consistió en una caída interminable. Nos precipitamos por un saliente justo después de derrotar a un jefe y caímos a lo que parecía un pozo sin fondo. Por suerte no tuvimos que repetir el combate, pues la partida se grabó automáticamente al derrotar al villano.
Divinum es un metroidvania artesanal, de corte indie, sin grandes ambiciones, pero que todo lo que propone lo hace bien. No da pasos en falso y ofrece una gratificante experiencia, retadora, pero accesible. ¿Queréis iniciaros en el metroidvania y os dan vértigo propuestas como Hollow Knight o Ender Lilies? Divinum es vuestra puerta de entrada al género. Y sí, está traducido al español.


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