«Es más, yo diría… ¡que esto es un amor de oficina!«
Asomarse al catálogo de Norma Editorial es un ejercicio de apertura de mente. Tan pronto te encuentras con un imponente tomo sobre la Historia de la Cerveza, como una reedición de la obra maestra que es Sin City o, por qué no, una colección de escenas erótico-festivas a paletadas como la que nos ofrece número a número la colección que escribe Takahiro y dibuja Yohei Takemura desde hace ya la friolera de dieciséis entregas. Y en el fondo, esto es una de las cosas que más aprecio de esta editorial: el hecho de que presta atención a tipos muy distintos de lectores, incluyendo a los que, como yo, disfrutamos picoteando aquí y allá de casi cualquier género imaginable. Y porque a estas alturas ya es imposible negar que me he enganchado a Demon Slave, que es, por otra parte, esa lectura fácil y simpática que nunca cuesta poner arriba de la pila de lecturas pendientes (salvo, tal vez, cuando te toca leer en el transporte público y no quieres dar engorrosas explicaciones).
Los tomos que nos ocupan hoy de esta colección cierran el arco argumental del Jardín y vuelven a lanzar a los personajes a una nueva trama de entrenamiento (que no es sino una excusa para ver nuevas formas para el Esclavo y nuevas y sabrosas recompensas a continuación). Como siempre, las escenas de batalla en este manga son impresionantes y lo cierto es que me gustaría echar un vistazo a lo que hizo Seven Arcs con la primera temporada de la serie (de forma legal, en España sólo se puede ver a través de la plataforma de AMC+), y, junto a ellas, porque ya son una unidad indivisible, todas las tonterías que rozan el hentai han llegado a tal punto que: 1) cualquier día comenzamos a ver sexo duro en esta serie y 2) hay desnudeces que se dan ya tan por hechas que los autores aprovechan ara ir más allá y proponer momentos de verdadera intimidad y sinceridad entre personajes, algo que cuesta ver en un manga de estas características.
«No me imaginaba que me tuvieras tanta admiración«
Con todo, lo que más me ha matado de estos dos nuevos tomos de la colección es el poder que descubrimos en el personaje de Varvara Plipenko, que se basa nada más y nada menos que en lo mucho que idolatra al personaje de Kyôka. Una ida de olla que alcanza máximos durante su batalla contra Fukuma, de los Ocho Dioses del Trueno. De verdad que me he reído de lo lindo con este personaje, uno de los que más me ha gustado después de Mira Kamiunten. También he disfrutado con una escena que contemplamos en el Demon Slave #16 y que viene a contar que lo de las recompensas ya se ha normalizado demasiado entre Kyôka y el bueno de Yûki… o que puede que haya algo más entre estos dos después de haber compartido tal cantidad de momentos íntimos.

Demon Slave #16
En cualquier caso, Demon Slave ya suma más de cien capítulos sin dar muestras de agotamiento. Sus autores saben muy bien lo que quiere la mayor parte de su público y se lo ofrecen sin ninguna clase de vergüenza.
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