Parecía que este momento no iba a llegar nunca. Cinco tomos después de que ambos protagonistas fueran conscientes de sus sentimientos, Katsura Ise y Takuma Yokota permiten a Emi y Hajime que expresen sus sentimientos. Sí, es cierto que este masticar lento de las cosas es habitual para generar expectativas en el público; pero cuando llevas tres tomos (casi cuatro) resistiéndote a dar el paso definitivo al que tú has conducido a los personajes, no estás generando expectativas, sino desinterés en una audiencia que empieza a pensar que la tomas por tonta.
«¿Que sea rápido, vale?«
Magic: The Gathering ha entrado en una dinámica de la que va a ser muy difícil salir. A su favor, en la edición española, tiene el hecho de saber cuándo llegará su final (la serie está finalizada en Japón tras 18 volúmenes), pero los artificiosos vaivenes en el desarrollo de la trama romántica penaliza sobremanera a todo lector curioso que no esté metido en el nicho de las cartas Magic. Haijme y Emi siguen siendo una pareja de protagonistas adorable y con enorme química, pero todo lo que les rodea bordea el desinterés. Y no es solo una cuestión de dilatación de los tiempos, sino que parece que Ise y Yokota no recuerdan sus decisiones o las ignoran a sabiendas, porque no tiene sentido que sigan insistiendo en forzar un triángulo amoroso con Yakumo cuando ya sabe por boca de Emi y del mismo Hajime que no tiene nada que hacer. Es una pelea contra molinos de viento que solo tiene el objetivo de rellenar páginas.
Los autores transmiten una sensación dubitativa, de no tener armado el esquema general de la serie y de buscar ganar tiempo en cuanto pueden. Y es una pena, porque lo más importante, sus protagonistas, los tienen. Y cuando se proponen agitar su día a día con la inclusión de nuevos personajes como Lou, la estudiante llegada de la «exótica» Francia, o con conflictos como la promesa de Emi a su madre de dejar las cartas Magic, el manga crece y sostiene a un público que disfruta con la evolución de su historia y personajes. A todos nos gusta un buen salseo, pero siempre que vaya hacia alguna parte.
La obligada atención que debe recibir el nicho de Magic (no en vano estamos ante una obra licenciada para hacer publicidad del juego) y el estancamiento del argumento han terminado por convertirse en dos serios obstáculos para el lector casual, que ve como los alicientes para seguir las andanzas de la divertida pareja se van perdiendo tomo a tomo. ¿Lo bueno? Que una vez Emi y Hajime se han ennoviado oficialmente, los autores están obligados a avanzar en alguna dirección.

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