Batman/Catwoman: La Guerra de Gotham

Batman/Catwoman. La guerra de Gotham: Miedo al cambio

Batman/Catwoman: La Guerra de GothamPanini Cómics editaba recientemente en un tomo en tapa blanda el cómic Batman/Catwoman: La guerra de Gotham, un caramelo escrito por Chip Zdarsky y Tini Howard que no es lo que aparenta. Su contexto es más peliagudo de lo que pueda parecer, sobre todo porque a pesar de su apariencia de crossover entre Batman y Catwoman, de arco-evento al que cualquiera puede acercarse, la realidad es que sus acontecimientos siguen la continuidad marcada por Zdarsky en su etapa con el murciélago gothamita. Así, si habéis leído recopilación del Batman de Zdarsky en DC Premiere no tendréis mayores problemas. Casi todo surge de sus páginas.

 

«Ahr… Detenerme provocará muertes, hijo»

 

Pero si llegáis a este Batman/Catwoman: La guerra de Gotham como aventura independiente (en su portada no hay nada que indique que no lo es), sí hacen falta algunas anotaciones, porque en boca de Barbara Gordon y de Tim Drake se enumeran algunos de los últimos traumas sufridos por Bruce Wayne; unos traumas que inciden directamente en el estado del personaje, de ahí su importancia para el contexto en el que se desarrolla esta historia.

  • Lo primero que os llamará la atención es ver a Batman con una mano mecánica, pues la suya ha sido amputada. ¿Cómo? ¿Cuándo? El resumen -muy resumido- es que durante una misión multiversal Batman pierde la mano durante una pelea y una versión suya le regala la prótesis. En este arco (que precede a La guerra de Gotham) es donde aparece Máscara Roja, también mencionado en la aventura, pero sin relevancia para la misma.
  • Las alusiones a Deadman e Insomina nos retrotraen a Planeta Lázaro y Terrores Nocturnos (dos aventuras inéditas por Panini, fueron publicadas por ECC Ediciones). El estado comatoso del que despierta Bruce al inicio de La guerra de Gotham es consecuencia de estos episodios.
  • Zur-En-Arrh es una personalidad de emergencia creada por el propio Bruce por si a su psique le pasara algo a fin de que Batman siguiera en activo. Como todos los planes «villanescos» del murciélago cuando se pone conspiranoico, Zur-En-Arrh no es precisamente una buena idea. Creada por Grant Morrison, Zdarsky le daría una vuelta de tuerca al iniciar su etapa. En La guerra de Gotham, Bruce lucha contra esta personalidad por el control de sí mismo.
  • Y queda Failsafe, surgido al tiempo de Zur-En-Arrh, en el arranque de la etapa de Zdarsky. Se trata de una contramedida contra el propio Batman. Es un androide (y aquí está la miga) creado por Zur-En-Arrh sin conocimiento de Bruce, para detener a este si cruza alguna línea roja (como matar a alguien). ¿Cuál es el problema (el de verdad)? Que Failsafe se activa y Batman necesita recurrir a su personalidad de respaldo (Zur-En-Arrh) para combatir contra él. Es en este punto donde empieza esa lucha de personalidades que tiene continuidad en La guerra de Gotham.

 

¿Y respecto a Catwoman? Poco que comentar. Sus antecedentes no suponen ningún obstáculo reseñable para explicar su estado durante el evento (es Batman y su anormal comportamiento uno de los detonantes del conflicto), además de que la etapa de Howard, salvo los episodios incluidos en este tomo, está inédita en España.

 

Batman/Catwoman: La Guerra de Gotham

 

Metidos ya en harina, La guerra de Gotham es un estupendo blockbuster que tiene miedo de llevar hasta las últimas consecuencias lo prometido en su título. Todo arranca con una disputa entre la gata y el murciélago sobre los métodos para acabar con la violenta criminalidad que asola Gotham. Selina apuesta por un enfoque más sutil que parece decantar la balanza a su favor, aunque su estrategia no está exenta de polémica. Y Batman, que lo ve todo bitono (las cosas son blancas o negras, no aceptan grises) se enfurruña dejándose intoxicar en el proceso por Zur-En-Arrh. Arranca así una batalla fraticida entre los miembros de la bat-familia.

 

Es en los grises donde está la sal y la pimienta, donde una historia gana en profundidad y escapa de los tópicos y lugares comunes. Y es al borde de los grises donde Zdarsky y Howard se detienen y miran hacia otro lado, mucho menos problemático, pero mucho más conservador. Y lo que prometía ser una historia que cambiara -al menos durante un tiempo- las reglas en Gotham, se diluye en una aventura que pasa de puntillas por los personajes para no molestarles ni trastocar sus vidas más de lo que puede hacer una mañana de resaca.

 

No sirve de consuelo, pero es un mal que arrastran las principales figuras del cómic mainstream de súper héroes, ya sean deceítas o marvelitas. Si no intercede un gran evento editorial o un cambio de paradigma (reseteo de la numeración incluido) para el personaje de turno, las aventuras parecen tener vetada la posibilidad de cambio. Hay un vértigo o miedo por hacer evolucionar ciertas historias o personajes, por más que todos tengamos asumido que dichas evoluciones tienen -casi siempre- fecha de caducidad. En La guerra de Gotham nuestra hipótesis es que el potencial escenario resultante propiciaba excesivas aristas y los guionistas prefirieron no entrar en esos terrenos pantanosos a costa de presentar una aventura instrascendente, sin secuelas.

 

Obviamente habrá derivadas (la historia acaba con un pequeño cliffhanger en su epílogo) que tendrán seguimiento a corto plazo en las series de ambos personajes (sobre todo en la de Batman), pero no irán más allá de los vaivenes corrientes de la actualidad del personaje. Lo que le falta a La guerra de Gotham es ese poso que impacte en el lector y deje marca (temporal) en sus protagonistas. También es cierto que si no mediara el engalanamiento del arco con la apariencia de evento y se hubiera presentado como una aventura más dentro de la continuidad de la serie, seguramente la premisa no habría ambicionado tanto. Y esa es quizá la mayor pega del cómic que nos ocupa, plantea unas expectativas que no cumple.

 

Y con todo, como decíamos al principio, es un estupendo blockbuster. Hay acción, grandes giros de guion, interesantes tratamientos de personajes (es sorprendente ver lo poco que hace falta para que Batman parezca un villano), la narración fluye con ritmo… Simplemente su argumento no deja poso alguno. Como el estándar de los blockusters veraniegos.

Acerca de Daniel Lobato

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El padre de todos, pero como a Odín, se me suben constantemente a las barbas. Periodista de vocación cinéfila empecé en deportes (que tiene mucho de película) y ahora dejo semillitas en distintos medios online hablando de cine y cómics. También foteo de cuando en cuando y preparo proyectos audiovisuales.

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