Anna Karenina

Anna Karenina: Tolstói se viste con sus mejores galas

Que Joe Wright se siente más cómodo vistiendo de época está claro; y que Keira Knightley es la musa a la que no quiere abandonar, también. Tras las estupendas Orgullo y prejuicio y Expiación, la pareja vuelve a embarcarse en la adaptación de una novela para viajar dos siglos atrás y contar la historia de la aristócrata rusa Anna Karenina. Más de 20 versiones después (la primera data de 1911) lo normal sería preguntarse con hastío: «¿Otra más?». Pues no del todo.

 

Sí, la historia la conocemos todos. Entre adaptaciones más o menos fieles a la obra de Tolstói y dramas románticos que (de época o no) narren tragedias similares, el doloroso camino que recorre la desdichada Karenina en busca del amor no nos presenta nada nuevo. Así, el atractivo de esta enésima propuesta no está tanto en el qué como en el cómo.

 

Keira Knightley en Anna Karenina

 

John Wright insufla la novela de la magia del teatro en el sentido más literal (y físico) de la palabra. Los personajes se mueven dentro de un gran escenario, interactuando no solo sobre él, sino detrás del telón y en el patio de butacas. Los decorados cobran vida y van mutando al tiempo que los protagonistas van de una estancia a otra, dándole a la historia un halo de cuento que suaviza la intensidad dramática que posee de base. A nivel visual Anna Karenina es una maravilla y el mérito es de Katie Spencer y Sarah Greenwood (quienes también trabajaron a las órdenes de Joe Wright en Expiación y Orgullo y prejuicio). El cineasta londinense se ha querido rodear de colaboradores habituales para asegurar un resultado óptimo ¡y vaya si lo consigue! Encontramos de esta forma, por ejemplo, a la diseñadora de vestuario Jacqueline Durran (suman cuatro trabajos juntos) o el director de fotografía Seamus McGarvey.

 

Es a nivel narrativo donde cojea un poco Anna Karenina. Wright quiere que luzcan tanto la puesta en escena como los ostentosos vestidos que olvida aligerar el metraje de algunos planos y diálogos que solo ralentizan el ritmo. El film se sitúa un peldaño por debajo de sus otras dos apuestas de época (para la gran pantalla), pero sigue siendo notable.

 

Y la culpa de que esto sea así no es de nadie más que de Keira Knghtey. La actriz británica está como pez en el agua viajando al pasado y encarnando a féminas que sienten tan dentro el amor. Lástima que su esplendor encuentre más acomodo en el marido al que se enfrenta, Jude Law, que en el joven que ha de desatar sus pasiones, Aaron Taylor-Johnson.

 

Anna Karenina vibra más por su forma que por su fondo. El envoltorio es brillante, pero el contenido no termina de cumplir las expectativas. Aún así, es un film digno de admirar en el que el trágico amor se viste con sus mejores galas.

 

Acerca de Daniel Lobato

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El padre de todos, pero como a Odín, se me suben constantemente a las barbas. Periodista de vocación cinéfila empecé en deportes (que tiene mucho de película) y ahora dejo semillitas en distintos medios online hablando de cine y cómics. También foteo de cuando en cuando y preparo proyectos audiovisuales.

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