El amor y otras cosas imposibles: Natalie, Natalie y más Natalie

2011 está siendo el año de Natalie Portman. Ya tiene el Oscar y el papel valedero para la conquista del apelativo «la reina de Hollywood» que siempre portan las actrices que han sido galardonadas.

Además de la aclamadísima Cisne negro (Darren Aronofsky, 2010) y la comedia romántica Sin compromiso (Ivan Reitman, 2011), ya estrenadas en nuestro país; tiene pendiente la comedia medieval Caballeros, princesas y otras bestias (David Gordon Green, 2011) junto a James Franco, la «revientataquillas» Thor (Kenneth Branagh, 2011), y la que hoy nos ocupa, El amor y otras cosas imposibles (Don Roos, 2011), que será la primera en llegar de estas tres últimas. Así pues, tenemos Natalie para todos los gustos y disgustos.

No es ya que podamos acabar cansados de la belleza de la israelí por la cantidad de filmes para este 2011, es que además, en no pocos de ellos es la absoluta protagonista, es decir, que en los únicos planos en los que no está presente es en aquellos en los cuales le dan la réplica. Al menos eso es lo que ocurre en este drama romántico dirigido por Don Roos.

 

El amor y otras cosas imposibles

La película en sí no tiene nada de original. Una joven abogada se enamora de su jefe y comienza una relación que provoca la ruptura del matrimonio de éste. Así las cosas, ella deberá hacer lo imposible para caer bien al hijo de él, de ocho años de edad. A esto hay que sumarle una tragedia ocurrida en la pareja.

En otras palabras, poco le falta para ser un telefilme más. Lo único que le salva de caer en la más absoluta mediocridad es el reparto, conformado por actores de la talla de Lisa Kudrow -la Phoebe de Friends– y un coprotagonista poco conocido pero más que solvente, Scott Cohen, siendo súbditos de la Reina Amidala; y que la historia toma forma en Nueva York con su Central Park, su arquitectura mastodóntica y sus calles tan grises en otoño que siempre es un gusto evocarla.

Don Roos, director de la cinta, es un tipo que se ha hecho un hueco en la industria gracias a guiones tan conocidos como el de Mujer blanca soltera busca… (Barbet Schroeder, 1992), o de la entrañable Una pareja de tres (David Frankel, 2009). Pero como jefe de trabajo se queda estancado en dramas de poco interés, por ejemplo, Algo que contar (Don Roos, 2000), en la que Ben Affleck y Gwyneth Paltrow hacen gala de sosería.

El amor y otras cosas imposiblesEsta es una de esas historias que a gente como a mí nos parecen simpáticas sencillamente por el hecho de estar presente una relación entre un adulto y un niño, ya sea paternofilial, maternofilial o simple inmadurez lo que los junta. Pero si bien es cierto que en comedias -pese a ser más difícil hacer reír que llorar- basta con que entre infante y adulto haya buena química y los chistes sean resultones, en el terreno del drama hay que exigirle algo más. Ejemplos de la primera los hay a montones, Un papá genial (Dennis Dugan, 1999), Un pequeño cambio (Josh Gordon, Will Speck, 2010) o la más reciente de todas Happythankyoumoreplease (Josh Radnor, 2011).

Sin embargo, en el terreno del drama, el primer referente en acudir a la memoria después de visionar ésta, es sin duda la estupenda Quédate a mi lado (Chris Columbus, 1998). Tiene una estructura semejante, con un trío protagonista con galones -con «la reina de Hollywood» de aquel momento, Julia Roberts-, una premisa manida y situada en la misma ciudad. No obstante, el resultado no tiene nada que ver. Pese a tener los mismos ingredientes hay algo conmovedor en la película de Columbus de lo que carece esta adaptación del best-seller de Ayelet Waldman del mismo nombre. En cuanto escuchas Ain’t no mountain de Marvin Gaye piensas en Susan Sarandon cantando con sus retoños por la casa peine por micro; hoy, una semana después del pase de El amor y otras cosas imposibles, vagamente puedo recordar algo del filme si no es por las notas.

Así pues, una ficción ésta que tendrá su público y con la que los seguidores de la Portman disfrutarán pero que resulta a todas luces prescindible.

El amor y otras cosas imposibles

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