El Vuelo

El Vuelo: Zemeckis endereza su trayectoria

Robert Zemeckis vivió la plenitud de su cine con las comedias alocadas de los años 80, en las que los estrenos de cine eran eventos magnos y las secuelas se esperaban con ansiedad. Estos son los casos de Tras el corazón verde (1984) o una de las mejores trilogías de aventuras de siempre: Regreso al futuro. Con la edad le llegaron las ínfulas de autor y apareció Forrest Gump (1994) y en menor medida Náufrago (2000), ambos esforzados trabajos narrativos pero sobre todo interpretativos, donde su protagonista Tom Hanks rozó la perfección.

 

Con El vuelo (2012) vuelve a rodar en la misma dirección. Alejarse de los descalabros tridimensionales que le restaron el crédito ganado con los años para enfurecer de manera seria su cine. Y de paso, entregar a algún actor con dotes demostradas un papel con el que lucirse.

 

Un piloto de vuelos comerciales con adicciones aceptadas pero inaceptables toma los mandos de un avión un tanto problemático y lleva a cabo una hazaña digna de muy pocos. A partir de aquí su profesionalidad queda en entredicho y la película es un toma y daca continuo por demostrar unos la moral difusa del capitán de vuelo y éste justificar sus actos con sus habilidades.

 

El Vuelo / Denzel Washington

 

Con esta idea se puede filmar una historia de muchas maneras distintas y focalizar el peso de la narración en diferentes personajes. Sin embargo, dado que el protagonista es Denzel Washington, el creador del Delorean opta por centrarse en el aspecto dramático con el que carga Whip Whitaker. Esto le resta éxito al intento del director por mostrarse como un cineasta completo, con maneras para el humor, la fantasía y, en este caso, el drama.

 

Pues la primera etapa del metraje es trepidante. Los tres cuartos de hora que abren la función son un escaparate de habilidades cinematográficas, permitiéndose lujos tales como un zoom rápido de plano medio a primer plano, voltear la cámara y bajar y subir el ritmo al gusto propio. Pasada esa atracción visual que vuela alto, deja caer la acción en aras de la pausa y la contemplación. Y aquí Zemeckis cubre su desconocimiento en el terreno con efectismos baratos, deja todo el interés en la interpretación de Washington, quien si bien nadie duda de su talento, no hace aquí sino lo mismo de siempre, sin añadidos que aplaudir. Se le puede nominar –como ha sido el caso– pero más por una carrera plagada de grandes labores que por este caso particular.

 

El Vuelo

 

El libreto –también nominado–, aunque contiene escenas escritas con mucho criterio y humor, peca de errores de principiante. Hichtcock fue quien definió el sentido de las palabras misterio, suspense y sorpresa cuando atañen a un guión cinematográfico. Se puede jugar con ellos libremente y crear una obra magnífica incluso con los tres a la vez, pero no sin usar ninguno. Pues si desde el minuto de arranque se nos permite conocer las rutinas del protagonista y es sabido por todos los personajes, ¿dónde está el interés terminado el atractivo del accidente aéreo? Los secundarios, por su lado, sean trascendentes o no, cuentan con poco tiempo en pantalla. John Goodman tiene un papel muy divertido que recuerda a su Walter de El Gran Lebowsky (Joel Coen, 1998), pero con dos escenas contadas. James Badge Dale tiene otro minúsculo terciario con el que poco puede hacer a pesar de lo gran actor que es.

 

Zemeckis ha querido girar su carrera buscando la atención de la crítica y la taquilla, usando para ello la fórmula que le encumbró como autor. Sin embargo, su interés por dar a Denzel todo lo que pide como actor hace que la excelente selección de temas musicales de la banda sonora, el reparto de altura con intérpretes sobrados de talento y el prometedor arranque de la película, se borren de la memoria del espectador entre tanto alcohol y pose reflexiva de saldo.

 

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