Insidious. Capítulo 2

Insidious. Capítulo 2: Gymkana de recursos

Gracias a la exitosa saga de Paranormal Activity y en especial a su primera entrega (Oren Peli, 2007), la productora Blumhouse ha encontrado un filón con el que explotar el malogrado mercado cinematográfico. Pero no sólo ha descubierto una fuente rentable de financiación por la cual las películas se hacen con un presupuesto máximo cerrado en una cifra irrisoria como marca de la casa, es que además se ha ganado el respeto de los acérrimos del género jugando con las reglas ya inventadas y dándoles una vuelta de tuerca.

 

Por su parte, James Wan se ha afianzado de forma incuestionable en la cima del terror psicológico cargado de adrenalina efectiva y es un referente tanto para los amantes de los sustos potentes como aquellos que disfrutan tanto o más con la realización cuidada que con dichos momentos de tensión. Y eso que el inicio que marcó lo que hoy supone una apabullante carrera vino de la mano de Saw (2004), archiconocido filme que tomó lo mejor de Seven (David Fincher, 1995) y el cine gore y resultó ser un notable thriller.

 

Insidious. Capítulo 2

 

El segundo capítulo de Insidious nos sitúa prácticamente donde lo dejó la primera, lo que no significa óbice alguno para que el combo formado por Wan y Leigh Whannell vuelva a explicar todo lo ocurrido en un resumen digno de serie de televisión. Sin embargo, durante ese prólogo también acontecen unos maravillosos títulos de crédito premonitorios y un flashback muy entretenido.

 

Wan maneja como nadie al público a través de trabajados encuadres engañosos, el uso abusivo de objetos que adquieren una importancia supina a medida que el metraje avanza y el envidiable talento que posee para filmar, terror especialmente, pero su sello resulta ya personal, tanto que el género podría no importar. Como ya ocurriera con la primera entrega, la película encuentra un rumbo perfecto durante sus primeros dos actos en los cuales la amenaza es constante, la realización es un lujo y deja al espectador atónito. Pero, al igual que hace tres años, un guión con un buen punto de partida y escrito por alguien que ha hecho del truco y el más difícil todavía su firma hace que todo se desplome por entregar un acto final cargado de indecisiones y problemas de identificación.

 

Insidious. Capítulo 2

 

El laberinto (figurado y literal) que ofrece la película hace que los planos secuencia sean tan suculentos como aquel con el que Wan se quitaba de un plumazo la presentación de la familia en su anterior cinta, Expediente Warren (2013). Sin embargo, esa misma gymkana de recovecos que sirve como plataforma a los ilimitados recursos del director deja al espectador descolocado en una maraña de personajes mal conceptuados y posesiones sacadas de la manga.

 

Patrick Wilson y Rose Byrne ofrecen unas interpretaciones que no van mucho más allá de la corrección. La segunda porque su papel de madre sufridora tan solo le otorga la oportunidad de asustarse y llorar y el primero porque, sin ser mal actor, no ha encontrado todavía el papel que se adecue a su físico de galán trasnochado; aquí es inevitable pensar en él como un Jack Nicholson insulso del que solo es creíble el lado malvado cuando el maquillaje ocupa el ochenta por ciento de su rostro.

 

Este nuevo episodio de lo que presumiblemente se convierta en una saga estirada hasta la saciedad tiene sus momentos disfrutables y su mayor baza es que la sensación de tensión es constante. Pesa demasiado sobre el título la proximidad con el anterior filme de su responsable (con mismo protagonista), que se convirtió de inmediato en uno de los mejores títulos de terror del último lustro.

 

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