Irma la Dulce: Indispensable para los amantes del cine

Titular«El lugar, París; la hora, las cinco y media de la madrugada…» Bajo la penetrante música del oscarizado André Previn, nos encontramos de pronto en un pintoresco callejón parisino del barrio de Les Halles. Es en aquel recóndito lugar donde el gran Wilder nos sitúa para conocer la historia de Irma la Dulce, la prostituta más popular de la calle Casanova.

Una comedia romántica que reúne, tres años después de su inmejorable actuación en El Apartamento (1960), a un Jack Lemmon y una Shirley MacLaine inolvidables, encarnando los papeles del ingenuo y enamoradizo gendarme Néstor Patou y su dulce objeto de deseo, Irma, cuyos ligueros verdes hacen enloquecer al más pintado.

Y es que en un mundo en el que los «mecs» beben y juegan mientras sus «chicas» trabajan por ellos, un fiel cumplidor de su trabajo como Néstor Patou no podía durar mucho. Queda prendado de Irma desde su primer encuentro en una redada pero, al no encajar en el fraudulento mundo de los sobornos y la corrupción del departamento de policía, es expulsado del cuerpo. Esa misma noche, en la que todo parece ir de mal en peor, se enfrenta al chulo de Irma y termina convirtiéndose en su nuevo representante, además del nuevo matón del barrio.

TitularFinalizado así el primer acto, vamos descubriendo los niveles emocionales del protagonista con respecto a su nueva relación. Un enamoramiento que le hace rabiar de celos y que magistralmente se refleja en el personaje de Lord X.

Y es que a través de una destacada puesta en escena y recursos como los travelings y la disposición espacial vertical, Wilder nos pasea por los diferentes estratos, físicos y emocionales del relato y los protagonistas.

Una historia estéticamente teatral (como sólo Billy Wilder sabe hacer) que recrea desde el estudio el ambiente parisino y nos obsequia con una fotografía a color nominada al Oscar de 1964 y tremendamente impresionista.

Un relato teñido de verde, mucho verde, que se expande desde los muros de los edificios, pasando por las coles del gran mercado central, hasta llegar a la intimidad de la célebre ropa interior de la protagonista, que tan espectacularmente luce MacLaine.

Junto con su habitual compañero de escritura, I.A.L Diamond, Wilder nos regala unos diálogos plagados de ingenio, sensualidad y jerga francesa que aportan a la obra un toque exótico sin dejar de ser familiarmente wilderiana.

Una muestra de ello es la genial y memorable secuencia en la que nuestro ingenuo protagonista accede a dormir en el apartamento de la encantadora Irma, en la que no sólo avanzamos en su relación, sino que podemos disfrutar de perlas como ver a Lemmon cubrir una ventana con papel de periódico, prendas enteras que se desabrochan con una sola cremallera o una muestra del incomparable «toque Lubitsch».

Sin duda una película indispensable para todos los amantes del buen cine, del cine clásico, de las comedias de antes, de las de ahora, de Lemmon o de Wilder; una película que enamoraría a cualquiera.

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