Lluvia de albóndigas 2: El ataque de los comidanimales

Después de varios experimentos, el joven y algo torpe Flint Lockwoods inventa una máquina capaz de crear comida y que por error termina haciendo caer del cielo.  Algo así como lo que quería Juan Luis Guerra con el café. Y tras una serie de catástrofes meteorológicas la primera Lluvia de albóndigas termina con una gran celebración en la isla de Tragaldabas. En esta segunda entrega todo empieza unos segundos después. En los que aparece el héroe de Flint, Chester V para remover la acción, acompañada de una selva de comida animal. No hace falta haber visto la anterior para entender lo que en la última sucede, ya que en los momentos importantes no faltan resúmenes y flashbacks.

 

En la realización hay una evolución rítmica notable. Puede que tenga que ver con el paso en la dirección de Phil Lord y Chris Miller a Cody Cameron y Kris Pearn, éstos últimos conocidos por títulos como Shrek y Hotel Transilvania. El guión da lugar a una evolución gráfica considerable gracias a la invención de los «comidanimales», unas imaginativas asociaciones de alimentos y animales que no paran de sorprender a lo largo de la película. Desde «patatómatos», «gambancés», «mosquitostas», «burguerañas», «tacodrilos», «sandifantes» hasta la monísima «Fresi» que más de uno querría como mascota. Todo ello nos transporta a varios referentes fílmicos que la película toma prestados. Como si de unos investigadores en pleno Parque jurásico se trataran, Flint y sus amigos se sumergen En busca del valle encantado. La similitud va desde escenas que parecen sacadas de dichas películas hasta una manera de vestir, en el personaje femenino de Sam Sparks por ejemplo, inspirada en la Laura Dern de Steven Spielberg.

 

Lo más divertido de la película son los numerosos gags y la gran cantidad de ingeniosos juegos de palabras y frases que se suceden. Con el predominio de dichos y canciones populares creativamente modificadas para lograr la risa de los pequeños (si consiguen entenderlo), y la carcajada de los mayores. Uno de ellos sería el momento en el que el padre de Flint, pescador de sardinas, sustituye al elefante y la tela de araña de la canción popular por «Una sardina se balanceaba sobre la cresta de una ola».

 

Debido al complicado guión y al trato que se hace de la comida no es una película recomendable para niños muy pequeños. Ya en la primera edición parecía difícil encontrar el motivo por el que llevar a los más pequeños de la casa a disfrutar de una película en la que se juega con la comida y ésta pierde su valor. Con el peligro añadido de que el gracioso/a se pusiera a lanzar alimentos de un lado a otro de la casa. Y para los que no tengan experiencias con niños, no, esto no es poco probable, es el pan de cada día para muchos que ven volar los platos en cada comida. Y se añade en ésta nueva el miedo que en un principio puedan suscitar los «comidanimales». Es muy probable que si al niño/a le cueste comer, después de esto más. Aún así no falta la comunicación de una serie de valores como la importancia de la amistad, no fiarse de las apariencias o perseguir los sueños pese a las dificultades que se puedan presentar en el camino.

 

En la versión doblada, Santiago Segura se encarga de poner la voz a Chester V, acompañado de Úrsula Corberó en la piel de la inteligente Sam Sparks y Dani Rovira aportando su humor en Brent, uno de los amigos de Flint. Si queréis saber cómo fue su experiencia en el doblaje (para Úrsula y Dani la primera) o cuáles son sus comidanimales favoritos, no os perdáis la entrevista que tuvimos la oportunidad de hacerles.

 

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