¡Rompe Ralph!

Los Miserables: Grandeza sin alma

Perra vida. Es así. Te ofrece cuando más lo necesitas y te quita cuando más lo deseas. Pensándolo bien, los perros somos nosotros, y la vida, un ama caprichosa.

 

Los Miserables es un reflejo de esta: lo azaroso de la buena o mala fortuna, de lo viles que pueden llegar a ser nuestros corazones y la esperanza que brota de ellos en medio de la desesperación. La esclavitud hacia el deber, la redención, la compasión, el dolor… Los Miserables es un reflejo de nosotros mismos.

 

Los Miserables

 

Aunque todo esto huelga decirlo. Quien más y quien menos conoce la historia de Jean Valjean, el desdichado hombre encarcelado durante décadas por robar una hogaza de pan y que, por más que lo intente y trabaje por ser un hombre de bien, no puede huir de su pasado y de Javert, fuerza del orden que en el cumplimiento de su deber no cree en la redención de quien ha errado alguna vez. Dos vidas condenadas a enfrentarse una y otra vez con la justicia (o la idea particular de justicia que define a cada uno) como arma de la verdad. Dos vidas que son la misma cara de una moneda, porque en el fondo no son tan distintos.

 

Hugh Jackman (ganador de un Tony por el musical The Boy From Oz) toma el relevo de los Gerard Depardieu, Liam Neeson, Lino Ventura, Michael Rennie, Richard Jordan o Fredric March para encabezar un reparto de lujo junto a Russell Crowe (también con amplia experiencia musical) y Anne Hathaway, secundarios de la talla de Helena Bonham Carter y jóvenes talentos como el londinense Eddie Redmayne. No estamos ante una colección de estrellas más, pues Tom Hooper vuelve a realizar un excelente trabajo de dirección de actores para que sus protagonistas dejen aflorar toda la intensidad que se respira en la historia. Sin duda el interpretativo es uno de los aspectos más destacados de esta adaptación del musical de Los Miserables (que no de la obra original de Victor Hugo). Es realmente complicado quedarse solo con uno de los actores, teniendo en cuenta la dificultad añadida de que apenas interactúan hablando, se pasan la mayor parte del metraje cantando. Solo se pueden decir maravillas de, por ejemplo, una Anne Hathaway que pone los pelos como escarpias interpretando I dreamed a dream o de una Samantha Barks que repite en el rol de Éponine (ya se había puesto en su piel en los escenarios de Londres).

 

Los Miserables

 

En su condición de contrapunto cómico, Bonham Carter y Sasha Baron Cohen se quedan un poco descolgados, Hooper no logra encontrar el equilibrio entre el drama imperante en la obra y las apariciones de la pareja.

 

Los Miserables cuida muchísimo el apartado visual. Decorados, vestuario, fotografía… las imágenes son de una belleza extraordinaria, apoyada en unos tiros de cámara que aprovechan los picados y contrapicados o los primeros planos para reforzar la emoción de las escenas… pero no siempre con éxito. Y es que si algo se le puede achacar a esta versión de Los Miserables es que promete más emotividad de la que ofrece. El sufrimiento y la pasión que mueven a los personajes no termina de traspasar la pantalla. Ellos aman, lloran, anhelan… nosotros no. O no tanto como deberíamos. Todo el alma que le han puesto los actores y el equipo técnico no se percibe en la película resultante. Le falta corazón. Tiene el suficiente como para sentir en momentos importantes (más a medida que la acción avanza hacia su desenlace), pero no tanto como para que se nos grabe en la retina.

 

Acerca de Daniel Lobato

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El padre de todos, pero como a Odín, se me suben constantemente a las barbas. Periodista de vocación cinéfila empecé en deportes (que tiene mucho de película) y ahora dejo semillitas en distintos medios online hablando de cine y cómics. También foteo de cuando en cuando y preparo proyectos audiovisuales.

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