Un dios salvaje

Un dios salvaje: Un juego de máscaras

Una discusión infantil entre dos niños es el motivo para que los padres de estos queden e intenten arreglar lo que no es más que eso, una discusión infantil. Teniendo no pocas similitudes con El ángel exterminador (del eterno Luis Buñuel), Un dios salvaje reflexiona (que no analiza) sobre el ser humano, pero no como individuo, sino como ser social, constreñido por la sociedad, en medio de la lucha entre las máscaras y los impulsos. Como elemento en un juego en el que las apariencias lo son todo.

 

Desde un punto de vista sociológico / filosófico, el film da pie a muchísimas lecturas, desde los mismos roles que representan cada uno de los actores, al significado del prólogo y el epílogo en relación con la disputa a cuatro voces de los protagonistas, pasando incluso por el simbolismo que tiene para la narración la separación tan abrupta entre la historia y sus apéndices o el porqué de usar un plano tan abierto (y distante) en estos. Sin entrar en terrenos pantanosos quedan claras dos cosas en el discurso de Polanski: el cinismo imperante en Occidente y la intencionalidad en todo lo que hace el cineasta, nada de lo que nos enseña en pantalla está dejado al azar.

 

Carnage - Un dios salvaje

 

Sin embargo, si hay algo que se le hecha en falta es su mordiente. Un dios salvaje presenta muy bien su tesis y la desarrolla con maestría, pero ni termina de hurgar en los temas que propone ni remata el discurso. Este hecho se aprecia con claridad en un momento casi al final del film. En este, el personaje de Christoph Waltz discurre sobre el comportamiento del ser humano y la sociedad; Polanski pone en su boca todo lo que nos ha mostrado hasta ese momento y alude al título del film (un dios salvaje) para resumir lo que dice, pero no nos ofrece ninguna conclusión. Se interrumpe y volvemos al punto anterior a su argumento.

 

En este punto caben dos posiciones: aceptar el film como una reflexión abierta, que nos ofrece un planteamiento y nos invita a dar nuestra propia conclusión; o, criticar que no se produzca un clímax que ayude a cerrar la película de forma impactante. Porque es cierto que las discusiones entre los personajes llegan a un punto en que todo el mundo espera que las palabras empiecen a sobrar y se dejen llevar por ese dios salvaje. Pero claro, el que se contengan en todo (o casi todo) momento nos lleva de nuevo a esa lucha enunciada al principio entre las máscaras y los impulsos.

 

Carnage - Un dios salvaje

 

Así, Un dios salvaje (volvemos a la intencionalidad) utiliza todos sus recursos para afianzar su mensaje. Sin duda la mejor opción es tomar la primera posición, dejarse llevar y pensar sobre lo que vemos. Cosa que nunca está de más.

 

Es conveniente señalar que por mucho Polanski que haya tras las cámaras, sin un reparto como este: Jodie Foster, Kate Winslet, Christoph Waltz y John C. Reilly, estaríamos ante una valoración completamente opuesta a esta. Los cuatro funcionan como los instrumentos de una orquesta afinada a la perfección, nos transmiten cada uno de los estados de ánimo y reacciones con una naturalidad y verosimilitud sin parangón. En el juego de las apariencias no tienen rival y ayudan al director a transmitir su crítica y a desnudar las máscaras (nunca del todo) de una sociedad occidental corrompida y superficial.

 

Y es que, como en un baile de disfraces, siempre nos movemos entre máscaras.

Acerca de Daniel Lobato

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El padre de todos, pero como a Odín, se me suben constantemente a las barbas. Periodista de vocación cinéfila empecé en deportes (que tiene mucho de película) y ahora dejo semillitas en distintos medios online hablando de cine y cómics. También foteo de cuando en cuando y preparo proyectos audiovisuales.

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