Los amantes pasajeros

Los amantes pasajeros: Un alocado y divertido vuelo

Consumado el experimento fílmico que supuso La Piel que Habito, cinta oscura y perversa, Pedro Almodóvar ha querido hacer un ejercicio de nostalgia y construir una comedia alocada que nos retrotrae a aquellos títulos de los 80 que le convirtieron en el referente que es hoy; y lo hace con un poso de crítica que amarga la propuesta, dotándola de una profundidad que la convierte en reflejo de la España actual.

 

Así, aunque Los amantes pasajeros puede tomarse como una obra ligera o menor dentro de la filmografía reciente del director manchego, eso sería quedarse en la superficie. Una ingrata superficie para un film que tiene bastante por ofrecer ya que Almodóvar hace un retrato político (no se libra ni la corona) y social del país.

 

En medio de referencias veladas y manifiestas a la corrupción y escándalos que parecen dominar a las clases altas, el cineasta crea un curioso símil entre la relación políticos-ciudadanos existente en la actualidad y la que se crea entre la tripulación y el pasaje de este peculiar vuelo. Ante una situación difícil (la crisis económica o un problema en el avión), los primeros optan por esconder la verdad con evasivas, adormilando al segundo grupo para no tener que enfrentarse a este. Pero como han demostrado movimientos como el 15-M o la marea blanca, estas actitudes no pueden mantenerse eternamente y los subyugados pasajeros no iban a ser menos, aún cuando la voluntad de luchar por la verdad no les (nos) salve y sigan (sigamos) yendo en círculos sin atisbos de una mejoría inmediata.

 

Raúl Arévalo, Javier Cámara y Carlos Areces

 

Esta comedia, cuyo mayor lastre son unos cameos (principalmente el de Carmen Machi o el de Penélope Cruz y Antonio Banderas que sirve de prólogo) algo forzados, esconde una vocación catártica, de medicina para sobrellevar la que nos está cayendo. ¿Y para ello qué hay mejor que el humor? Una mezcla de drogas, alcohol y sexo servida por la tripulación nos ayuda a todos a evadirnos de nuestros dramas personales (las mejores comedias siempre surgen a partir de alguno). Quizás haya quien no le encuentre el punto a su «loca» comicidad, pero la terna formada por Javier Cámara, Raúl Arévalo y Carlos Areces ya se ha ganado un lugar privilegiado en la historia de nuestro cine. A toda compañía aérea debería exigírsele contar con unas azafatas como ellas.

 

El absurdo, el surrealismo, la locura… Almodóvar construye una propuesta muy plástica en la que cabe cualquier cosa. Pasiones terrenales (más bien aéreas), mucha mala baba o un reproche a la falsa liberación homosexual (las «salidas del armario» siguen siendo un fuerte tabú) son solo algunos de los pasatiempos que ofrece este vuelo. La sorpresa es la única norma en un film sin miedo al exceso y que transmite la fuerte personalidad de su director.

 

Sea una vuelta a los orígenes o un impasse en su carrera, el equipo se divierte y nos divierte. Porque reencontrarnos con mitos como Cecilia Roth junto a otras dos generaciones almodovarianas personificadas en Lola Dueñas y Blanca Suárez manifiesta el espíritu familiar de la película. Los amantes pasajeros puede visionarse como una metáfora de nuestra actualidad o como la divertidísima comedia evasiva que también es. De cualquier forma, el film de Almodóvar es una de las apuestas más apetecibles del año.

 

Acerca de Daniel Lobato

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El padre de todos, pero como a Odín, se me suben constantemente a las barbas. Periodista de vocación cinéfila empecé en deportes (que tiene mucho de película) y ahora dejo semillitas en distintos medios online hablando de cine y cómics. También foteo de cuando en cuando y preparo proyectos audiovisuales.

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