Novatos

Novatos: Recuerdos difusos

Las tradiciones, más si son universitarias, siempre han supuesto un caldo de cultivo extraordinario para los directores de cine. Y si además las han sentido como propias a lo largo de su vida, entonces su uso se vuelve casi indispensable. La lógica dicta que la inspiración se encuentre en aquello que rodea al creador, la imaginación del mismo será la que le diferencie de los demás.

 

Pablo Aragüés, director curtido en el terreno del cortometraje, estrena Novatos, su segunda incursión en el largo tras Vigilo el camino (2013). En esta aproximación al mundo universitario la historia se centra en Álex, un chaval de 18 años que deja su Zaragoza natal para estudiar en Madrid. Al llegar al colegio mayor donde vivirá, sufre las novatadas por las que todo principiante ha debido pasar desde tiempos remotos.

 

"Dame veneno que quiero morir".

«Dame veneno que quiero morir».

 

Como bien se esfuerza en recalcar tanto la promoción como los propios créditos iniciales de la película, los hechos no son baladíes, sino que suponen las “torturas” reales que sufrió el realizador a su llegada a la gran ciudad. Eso, y la pretendida dramatización de lo que acontece en la pantalla generan la duda sobre una cinta que, por lo demás, resulta correcta.

 

Por un lado, este tipo de narraciones suelen llevar la comedia adherida a su piel. No es que necesariamente deba ser así, pero la sensibilidad que se requiere para dotar a unos personajes con tan poco mundo interior de algo más que un berrinche adolescente es algo que no muchos directores actuales poseen. Y Aragüés, en su esfuerzo por hacer entender que él lo pasó muy mal, se ciega, sin ser capaz de ver que ni a los muchachos se les está tratando tan mal ni los veteranos desde luego son tan amenazantes. Esto, claro está, en el celuloide; la realidad puede ser muy distinta.

 

Y es que ese parece ser el verdadero problema del film. Aragüés cree tan potentes sus vivencias que al plasmarlos en el papel ya debió de entrever que no era para tanto, pero ya que no supo verlo y nadie quiso decírselo, al menos en pantalla debió dramatizar más las cosas o aligerarlas con personajes con mayor vis cómica. Pero ni lo uno ni lo otro: el metraje avanza intentando crear un suspense que en ningún momento es tal, con perrerías varias que se le podría hacer a un niño de 12 años y no le sentarían mal.

 

Lucía Ramos en Novatos

Lucía Ramos en Novatos

 

Los personajes de por sí están tan encorsetados dentro de lo que se espera de un arquetipo tan antiguo que ni siquiera consiguen funcionar las relaciones entre ellos. Empezando por Álex (interpretado por el semidesconocido y poco prometedor Javier Butler), quien no encuentra en Patera un acomodo para su día a día; y terminando por Estévez (Nicolás Coronado, con demasiada pose), un tipo con ínfulas de tipo duro que al principio resulta inquietante y acaba por cargar a todo el personal con tanta intensidad. Se salva de la quema la joven Lucía Ramos (Carla en la película), actriz que tiene una fotogenia indudable y que ya tiene, a pesar de su juventud, una intensa carrera en televisión a sus espaldas.

 

Sin giros ni demasiadas salidas de tono, la película avanza anodinamente hacia un final alocado rodado de forma zafia y sin medición. La escena de la pelea de las chicas con escaleras incluidas y los chicos a contraluz divergen de la contención forzosa de lo acontecido hasta entonces con la pretensión de encoger el estómago pero sin convicción ninguna.

 

Novatos se presenta como una aventura vivida por el director que disfrutará él mismo de forma curativa. Sin poner en duda la sensibilidad de cada cual, lo más probable es que todo aquel que haya pasado por lo mismo se quede con la parte positiva de las novatadas y dejen la rectitud a un lado.

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