Vidas pequeñas: Vidas (no tan) pequeñas

«El secreto de la felicidad consiste ni más ni menos que en querer ser felices«. Planteémonos una pregunta, ¿queremos disfrutar de la vida en toda su plenitud o nuestro instinto de autodestrucción es más fuerte que ese anhelo?.

Esta cuestión, formulada por parte de una de las protagonistas del film, es la que se les plantea (aunque sin darse cuenta) al resto de todos ellos. Y es que el largometraje de Enrique Gabriel nos habla sobre las vidas de personajes miserables, económicamente hablando, y de cómo estos en igualdad de condiciones se consideran unos afortunados y otros desdichados.

 

Vidas pequeñasLa historia empieza con la quiebra de una célebre diseñadora, Bárbara Helguera (Ana Fernández), que desesperada y deprimida por la situación en la que se encuentra, acaba viviendo en un camping a las afueras de Madrid. Es aquí donde conocerá a un variado abanico de personajes: una dependienta de hipermercado casada con un colocado «hombre de negocios»: una esteticién y su hija «ni-ni» adolescente; una escritora de poesía relegada a predecir el horóscopo y su marido, un famoso dramaturgo reducido a la nada; un cantante de renombre en la vieja URSS ahora borracho sin profesión; unos feriantes y finalmente, a Andrés, quien puede decirse metió a Bárbara dentro de esta fauna silvestre.

Bárbara se dará cuenta de que todas estas «vidas pequeñas» no son tales, y que de cada una de ellas, por insignificante que parezcan, podemos aprender algo.

De la película cabe destacar la buena actuación de los intérpretes y el mensaje positivo que en el fondo se nos plantea, porque como diría Celeste (la escritora de poesía relegada a predecir el horóscopo) el sencillo ejercicio que tenemos que realizar para no acabar con nosotros mismos es cada mañana al levantarnos repetir 15 veces en voz alta: «quiero ser feliz y voy a serlo».

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