Nirvana Nevermind

The Walkman is Dead: ¡Larga vida a la música!

The Walkman is Dead«… y, con lágrimas en los ojos, acabaron retirando las cintas de Los del Río o Camela«

 

En una noche de verano de esas en las que el aire de la capital es irrespirable, mi amigo de toda la vida, el locutor, dibujante y buena persona en general Luis Olmedo, me explicó su peculiar visión del siglo XX. Para él, tras los batacazos para la creatividad y la alegría en general que habían supuesto las dos Guerras Mundiales, les habían seguido una serie de décadadas de frenética actividad artística que habían culminado con la aparición del rock en los 50, el metal (mediados de los 60), la música electrónica
(los 70) o el hip-hop (los 80), entre otros si nos fijamos en la música. Toda esta actividad habría derivado, según él, en la fiesta desenfrenada que supusieron los 90 para todo el mundo (con músicas alegres y bailables y, en general, buen rollo por todas partes) y en la posterior resaca creativa en la que nos encontramos en la actualidad.

 

La verdad es que uno puede estar más o menos de acuerdo con esta manera de resumir un siglo de música, pero lo cierto es que la última década del siglo XX nos dejó para el recuerdo un verdadero maremágnum de artistas y bandas de todo tipo y origen que supusieron, antes del abordaje del mundo de la cultura por parte de la red de redes, que enchufar la radio fuera una verdadera fiesta a la que todos estábamos invitados y en la que todos los estilos eran bienvenidos. De esta década nos llevamos ritmos discotequeros como el eurodance y baladas tan pegajosas como las de Luis Miguel pasando por estilos tan marcadamente diferentes como el grunge que popularizó Nirvana o el New Age, que lograría su máxima difusión gracias a artistas como Enya.

 

Nirvana Nevermind

Nevermind, de Nirvana

 

«Ser adolescente y rebelde con 18 está muy bien«

 

Sobre esta década «prodigiosa» nos habla Guillem Medina en su nuevo libro: The Walkman is Dead. Un amplio recorrido por la música perpetrada por las boy bands, las girl bands y un largo etcétera de grupos y solistas desde finales de los 80 y hasta la actualidad contado de manera mucho más que amena (tanto que su lectura os enganchará hasta el punto de perder la noción del tiempo) y con un agradable sentido del humor.

 

Cierto es que todos echaremos en falta algún grupo o artista (¿dónde está Chumbawamba? ¿Y mis chicos de Bloodhound Gang?) y puede que nuestro gusto y el del autor se crucen en ciertos momentos, pero (y este es el mayor acierto de este libro) a The Walkman is Dead no se le adivinan ni una intención enciclopedista ni la voluntad de hacernos comulgar con sus propios gustos, pero sí un deseo nostálgico de recordar una época en la que los discos de tal o cual artista podían vender 5, 10 e incluso 20 millones de copias sin más ayuda que la de las campañas promocionales en radios y televisiones.

 

Bloodhound Gang - The Bad Toch

Bloodhound Gang – The Bad Toch. Never forget

 

«Los noventa pillaron a la industria discográfica un tanto desprevenida«

 

Hoy esa época nos queda muy lejos. No es que actualmente se consuma menos cultura (60 millones de usuarios activos en Spotify y 43 millones en Last.fm, por poner dos ejemplos, demuestran lo contrario), pero la época en la que un artista podía convertirse en multimillonario compaginando ventas estratosféricas con giras interminables parece definitivamente finiquitada y la industria musical (al igual que la cinematográfica e incluso la literaria) ha de adaptarse y evolucionar. De hecho, aunque la fórmula exacta aún no se haya econtrado, una menor ambición en cifras y el aprovechamiento de la globalidad que otorga Internet, amén de la creación de plataformas digitales cómodas y eficaces son pasos claros en ese sentido.

 

Este cambio de tendencia queda reflejado en la evolución de las bandas a las que Guillem hace referencia en su libro, pero aún hay más. El periodista y fotógrafo nos hace notar como tras la vorágine del siglo XX, la fiesta de los 90 y la resaca de los ‘dosmiles’ llega ahora el Afterparty de los años 10 en el que los cantantes de esa época inocente, simpática y ligeramente casposa que tanto nos sigue atrayendo a día de hoy han decidido volver a reunirse para demostrarle a los ídolos hipervitaminados de la actualidad cómo deberían de hacerse las cosas.

Acerca de RJ Prous

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En la soledad de mi beca Séneca en Zaragoza aprendí a amar el cine mierder. Volví a Madrid para deambular por millones de salas y pases de películas para finalmente acabar trabajando con aviones. Amante del cine y de sus butacas, también leo muchos cómics y, a veces, hasta sé de lo que hablo.

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