Blue Estate #3: Guy Ritchie estaría orgulloso

Blue Estate
Asistimos al desmadrado final de una de las series más sorprendentes que haya editado Dibbuks en España.

Blue Estate #3«Prepara los colchones. Nos vamos a la guerra«

Hay algo que me encanta de las películas de Guy Ritchie. Ese cúmulo de perdedores empeñados en lograr algo de valor en su vida y esos pocos eternos ganadores de baja estofa obsesionados con mantener su estatus tienen un cierto encanto que no se puede pasar por alto. Quizá sea que todos tenemos mucho de estos perdedores y un poco de la obsesión por mantener lo que tenemos que tienen el resto de personajes de estas películas. Y no soy el único. Hay toda una legión de fans de estas películas (enormes deudoras del estilo de Quentin Tarantino) que, en cuanto han tenido algo de acceso a medios nos han regalado con películas como 2 Guns o con pequeñas joyas como esta trilogía anclada en la caspa y la mugre del Hollywood que no se ve más allá de las fronteras del estado de California.

Los dos primeros tomos de Blue Estate dejaron la historia lista para caer rodando por la colina tras un leve empujón. Una Rachel en la cuerda floja y con poco que ganar y mucho que perder volvía al despacho del peor detective de todo Hollywood para atar cabos mientras se fraguaba una guerra entre las mafias rusa e italioamericana. Este cómic nos lleva al momento en que todo comienza a rodar utilizando ese recurso que ha encumbrado a Ritchie como el creador de los Oceans Eleven del desastre. Las coincidencias y las decisiones poco acertadas van conduciendo a los protagonistas hacia su inevitable fin y la única pregunta que ronda nuestras mentes mientras tanto es: «¿Quién demonios saldrá vivo de este desaguisado?«

«¡Es hora de dejarse llevar!«

La velocidad con que se desarrolla el guión y la fluidez de los chistes (de humor negro, negrísimo) vuelven a hacerle un favorazo al cómic de Viktor Kalvachev y compañía. Las 120 páginas que lo componen se leen de un tirón y se disfrutan de principio a fin sin que apenas te des cuenta. Además, el caos que se gesta desde la primera página y que domina a los personajes hasta el último suspiro evita que podamos imaginar ni por un instante cómo se desarrollará la historia y qué conclusión nos ofrecerá al final. De hecho, al preguntarnos quién se merece «ganar» en esta loca carrera la respuesta no llega nunca a quedar del todo clara. Cierto que Rachel es quien más empatía despierta pero, ¿no es acaso una mujer que ha cerrado los ojos a los tejemanejes de su marido siempre y cuando éste la dejara tranquila?. ¿Y nuestro detective? Su propia estupidez pide a gritos un buen par de collejas. ¿El asesino? ¿El vendedor de propiedades endeudado con la mafia? Nadie se libra en Blue Estate de merecer un escarmiento y el final, si es que existe realmente un final para estas historias, puede que nos satisfaga, pero siempre quedará la certeza de que la historia habría podido desarrollarse de infinitas otras maneras. Gracias Ian Malcom por descubrirme la Teoría del Caos en mis tiernos once añitos.

Blue Estate

Dibbuks vuelve a completar el tomo con una colección de portadas, bocetos y modelos para la creación de los personajes nada desdeñable. Por 14 € el tomo, Blue Estate es una de esas adquisiciones de las que uno se puede sentir bien orgulloso. Si la historia llega al cine (posibilidad nada despreciable) uno siempre podrá decir: «Yo conocía Blue Estate antes de que fuera mainstream«.

Acerca de RJ Prous

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En la soledad de mi beca Séneca en Zaragoza aprendí a amar el cine mierder. Volví a Madrid para deambular por millones de salas y pases de películas para finalmente acabar trabajando con aviones. Amante del cine y de sus butacas, también leo muchos cómics y, a veces, hasta sé de lo que hablo.

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