Wonder Woman

Wonder Woman #2: Alma de clásico

Wonder Woman / Cliff ChiangWonder Woman no es Superman, ni Batman, ni Green Lantern ni ningún otro superhéroe o aspirante a serlo. Wonder Woman es mucho más. Brian Azzarello está tejiendo una historia que marca distancias con las cabeceras vecinas en fondo y forma y que antes que después acabará engrosando la lista de clásicos del cómic. Tiempo al tiempo.

 

Esta hija del Olimpo tiene más en común con Shakespeare, con la televisiva Juego de Tronos o con Saga de Brian K. Vaughan (por añadir un ejemplo del medio) que con sus compañeros de la Liga de la Justicia. En el fondo la nueva etapa de Wonder Woman no es más que una modernización de los mitos y leyendas de los antiguos griegos, con sus líos de faldas, afrentas y conspiraciones varias. La familia puede ser el más hostil de los refugios y propiciar las más traicioneras alianzas. Si es entre dioses, más, y nuestra amazona lo está comprobando en sus propias carnes.

 

El ánimo de coquetear con la mitología y traer a la primera línea los esquemas clásicos (si es que alguna vez estuvieron en un segundo plano) hace que Wonder Woman abrace la tragedia (no hay más que recordar el destino de Hipólita al final del primer tomo) y el juego de las apariencias. En este sentido se nutre de nuestras primeras impresiones y prejuicios más cotidianos y nos golpea con ellos. No hay más que leer lo referente a Hefesto en el tercer capítulo del tomo (7º de la numeración original). «Las apariencias engañan» dice Eros al principio del mismo, y razón no le falta, como bien pueden atestiguar Hades y Poseidón, dos de las deidades clásicas que hacen acto de presencia y cuyo aspecto puede sorprender. El del primero potencia la imagen escalofriante del señor del inframundo, mientras que el dios de los mares nos retrotrae a los clásicos péplums de corte fantástico.

 

Wonder Woman es una historia de intrigas en la que los personajes juegan a ver quien es capaz de engañar a quien para salir victorioso. Un juego del que todos son víctimas y verdugos. De esta forma, como en los ejemplos del segundo párrafo, son más interesantes las maquinaciones que las escenas de acción (que las hay y para las que nuestra heroína se mancha hasta arriba de sangre). Hasta el personaje más secundario guarda algún tipo de secreto vital para el devenir de la trama. Incluso el aceptar unas pistolas (sí, me refiero a las de la portada, pero hasta aquí puedo escribir) como medida de seguridad traerá consecuencias. Un par de tópicos al respecto: las armas son malas y si juegas con fuego acabas quemándote.


Azzarello no deja nada al azar, hasta el mínimo detalle cobra importancia antes o después.

 

 

Y si a nivel narrativo los próximos meses se van a hacer insoportables a la espera del tercer tomo (más de uno se quedará sin uñas), a nivel artístico el trabajo de Tony Akins no está a la altura. Sobre Cliff Chiang (portadista y artífice de los capítulos 7-8) poco se puede añadir a lo comentado en la reseña del número anterior. Formidable. En cuanto a Akins (capítulos 5-6), parece que le intimida la amazona y la desproviste de toda su belleza para pelearse con un pegote que quiere simular ser una melena y marcando los músculos a la mínima oportunidad que tiene (por no mencionar las narices aguileñas que se saca de cuando en cuando). Por suerte la historia es lo suficientemente atractiva como para perdonarle a Akins sus trazos.

 

Sin duda, una de las series de la temporada.

 

Acerca de Daniel Lobato

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El padre de todos, pero como a Odín, se me suben constantemente a las barbas. Periodista de vocación cinéfila empecé en deportes (que tiene mucho de película) y ahora dejo semillitas en distintos medios online hablando de cine y cómics. También foteo de cuando en cuando y preparo proyectos audiovisuales.

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