«¡Ah del castillo!«
La sensación con la que me quedo tras leer el segundo tomo de Ichi the Witch es que no estoy más dentro de la trama que en el primer volumen, que la historia no avanza a ninguna parte (dicho con otras palabras un poco más gruesas). Pero la verdad es que los guiones de Osamu Nishi son tan condenadamente divertidos y las ilustraciones de Shiro Usazaki son tan hilarantes que aún no he llegado a aburrirme de esta carencia de dirección. Me descubro a mí mismo constantemente pensando en lo mucho que disfruto con esta enorme cantidad de nada y me doy cuenta de que, a veces, cuando el humor está muy logrado, los seres humanos podemos perdonar durante más rato la falta de sentido, sabiendo que tarde o temprano (más aún si sabemos que la serie que nos ocupa hoy lleva ya diez tomos en Japón).
Pero que quede bien claro que sigo sin tener nada claro de qué va este manga: ¿es una caza de Pokémon? ¿un My Fair Lady con un chaval asilvestrado? ¿una versión jocosa y de humor blanco del Demon Slave que también publica Norma Editorial? Os prometo que en todo lo que llevo leído no se me ha dado ninguna pista que me ayude a adivinar las intenciones de los autores de este shonen. Me da en la nariz que ni ellos mismos lo saben todavía y que juegan a marearnos un poco mientras tratan de definir los desafíos y los objetivos de los diferentes personajes de esta historia. Me recuerda ésta a la situación de Mashle a lo largo de sus primeros tomos, cuando ni tan siquiera las reglas que regían la magia de aquel mundo estaban del todo definidas y la trama se sostenía en los golpes (nunca mejor dicho) de efecto con los que jugaban sus loquísimos guiones.
«Todas las especies que no veneran a las setas merecen morir«
Me pongo a pensar en mangas y animes de mi adolescencia tardía y me encuentro con casos como los de la Jungla de Guu (ahí quizás he hilado muy fino, AQUÍ os dejo una pequeña muestra) o Excel Saga (otro al que coger con palillos) en los que la trama estaba completamente supeditada a un humor llevado tan al límite que o lo amabas o lo odiabas con toda tu alma. No creo que Ichi the Witch sea algo tan extremo, pero en estos dos primeros tomos se apoya tanto en su humor que da la impresión de que no hay nada más debajo del capó. Va a depender, y mucho, de la clase de editor que tenga esta pareja de creativos en la gigantesca compañía nipona para la que trabajan. Si les toca uno bueno, la historia comenzará a centrarse sin perder su espíritu por el camino, sino… Bueno, eso lo deberemos ver en los tomos que vayan siguiendo a éste.

Ojo cuando Shiro Usazaki se pone en modo serio: Poca broma
Lo que es bien cierto es que Ichi the Witch es divertidísima y ambos creativos tienen experiencias muy interesantes a sus espaldas: Nishi mantiene otra obra abierta (Iruma-kun en el Instituto Demoníaco) con veintiséis tomos en Japón de los cuales Ivrea ha publicado ya diecinueve en España. Por su parte, Usazaki viene de ilustrar la tristemente cancelada Act Age y no deja de ser una gozada que su siguiente proyecto vuelva a ser un éxito, ahora sin el lastre de un guionista condenado por temas que no vienen al caso y en los que esta ilustradora nada tuvo que ver.
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