Sin City: Alcohol, Chicas y Balas

Sin City – Alcohol, Chicas y Balas: El protagonista entra en escena

Sin City: Alcohol, Chicas y Balas«El silenciador convierte el disparo en un susurro«

 

Penúltimo volumen de la estupendísima reedición que Norma Editorial ha puesto en nuestras estanterías de uno de los clásicos más necesarios de nuestra biblioteca de cómics. Blanco y negro sobre rojo, los lomos de los siete volúmenes que compondrán esta colección destacan por su tamaño y su sencillez en la librería, llamándonos para que volvamos a sumergirnos en las sucias, oscuras y frías calles de la ciudad del pecado creada por Frank Miller hace ahora treinta y cinco años. Ahora que tan sólo nos queda éste y el último tomo por saborear, he de decir que la serie ha envejecido estupendamente, sabiendo en todo momento lo que es: un relato sórdido de una versión sólo ligeramente más oscura que la realidad que el autor percibe en los Estados Unidos de América, donde sólo una finísima pátina de abrillantador esconde la podredumbre de un imperio en decadencia.

 

En Sin City: Alcohol, Chicas y Balas podría decirse que, por fin, el protagonista se convierte en el verdadero centro de atención de esta obra. Así, en la colección de relatos breves que se citan en este tomo es la propia ciudad quien adquiere verdadero protagonismo, permitiéndonos ver como las vidas de los diferentes personajes que hemos conocido hasta ahora se van entrelazando para configurar la historia de odio, lujuria, traiciones y miedo que alimenta las venas de la ciudad. Ahí están Marv, Dwight, las prostitutas Gail y Miho o los matones ilustrados Douglas Klump y Burt Shlubb (Fat Man y Little Boy) y sus idas y venidas, que ya hemos visto tocarse levemente en los cico volúmenes anteriores, aquí parecen bailar una macabra marcha de violencia y muerte al son de los disparos y las pisadas sobre una nieve que rápidamente se vuelve negruzca en su contacto con el asfalto.

 

«Me casé con un tipo. Me golpeaba. Y lo maté«

 

De entre todas estas historias cortas (y mira que las hay que me encantan, como la que dio pie a la introducción del filme de Robert Rodriguez en 2005, o que me hacen reírme a carcajadas, como la de los matones que antes mencionaba) mi preferida la vuelve a protagonizar el bueno de Marv y es la única en todo este volumen en la que no se pronuncia una sola palabra. Noche de Paz es un relato a través de unas ilustraciones brutales y contundentes que nos fascina, primero, y nos ablanda la patata a continuación. Es una maravilla que demuestra hasta que nivel en aquel momento dominaba Miller la narrativa y el estilo noir de este invento. Se permite el autor el uso (muy leve) del color en algunas de las historias de este tomo, pero no en ésta, en la que el contraste de la tinta china con el blanco de la nieve, las paredes o las líneas que conforman los límites de cada personaje resultan demoledoras y conforman una fábula que merece leerse (o mejor dicho contemplarse) con toda la atención.

 

Sin City: Alcohol, Chicas y Balas

Sin City: Alcohol, Chicas y Balas

 

Se nos va acabando la nueva edición de esta obra maestra y, más que tristeza, siento la alegría de que una nueva generación de lectores acceda a una serie de historias que como se disfrutan de verdad es en papel, con la emoción del no saber qué vendrá a continuación en la siguiente página. Lo digital puede ofrecernos muchas sensaciones inmediatas, pero nunca será capaz de replicar el alma de las historias que, como en esta colección, un autor vierte directamente de su corazón y su manera de verla vida y la sociedad en la que se mueve. La IA podrá replicar mucho estilos artísticos, pero jamás nos producirá el cosquilleo en la nuca que nos ofrecen los personajes de Miller al atravesar la celulosa del papel en un intento por llegar a la vida real agarrándose a nuestra fantasía.

Acerca de RJ Prous

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En la soledad de mi beca Séneca en Zaragoza aprendí a amar el cine mierder. Volví a Madrid para deambular por millones de salas y pases de películas para finalmente acabar trabajando con aviones. Amante del cine y de sus butacas, también leo muchos cómics y, a veces, hasta sé de lo que hablo.

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