«Un viejo muere. Una niña vive. Un trato justo«
Vuelve a caer en mis manos Sin City: Ese Cobarde Bastardo y me doy cuenta de lo muchísimo que echo de menos al bueno de Bruce Willis. Físicamente no daba el perfil para el papel del detective John Hartigan y, sin embargo y gracias también al fabuloso doblaje del actor en nuestro país, ahora mismo no podría imaginar a nadie más haciendo las veces del cansado agente a punto de retirarse que, en su último día, recibe un soplo sobre dónde se encuentra el violador y asesino de niñas pequeñas que lleva tiempo persiguiendo. Sus secuencias en el filme de Robert Rodriguez fueron de las que más me impactaron hace veinte años y ahora, cuando vuelvo a leer sentencias tan míticas como la que abre estas líneas, no puedo sino imaginar en mi cabeza la voz del ahora retirado actor americano.
Y es que para el cuarto volumen de la reedición de Sin City que se está marcando Norma Editorial nos traen la primera (y quizás única) historia protagonizada por uno ‘de los buenos’: un detective hecho polvo que trata de hacer el bien una última vez antes de retirarse y que paga muy caro su decisión. Sin City: Ese Cobarde Bastardo habla muy fuerte y sin esconderse de la corrupción de las clases dirigentes, de cómo son capaces de todo bajo una sensación de invulnerabilidad que ya hemos visto fugazmente antes en El Duro Adiós. Hartigan representa el bien por el bien, porque es lo que debe hacerse, porque es lo justo, y representa también el sacrificio que exige casarse con un código moral así de elevado.
«Le quito sus armas. Las dos«
Frank Miller pone todo esto en una balanza y acto seguido nos obliga a los lectores a preguntarnos si merece la pena todo el sufrimiento que soporta Hartigan. Es, en el fondo, una pregunta que sobrevuela toda la serie de Sin City: Cuando todo está podrido, ¿merece la pena jugarse el cuello por el prójimo? Los casos de Marv, que halla en Goldie el calor y el consuelo que tantas otras le han negado, o de Dwight, que demuestra a quienes creen dirigir la ciudad que hasta los más bajos fondos pueden a veces rebelarse y hacerles caer, nos cuentan lo que piensa Miller al respecto y hasta qué punto cree él que merece la pena. La salvación de Nancy Callahan y la manera en que ésta se encuentra presente en todo lo que hemos leído hasta el momento nos hace pensar, una vez más, en lo mucho que merece la pena aportar uh rayito de luz en la eterna oscuridad de la siniestra ciudad del pecado.

Sin City: Ese Cobarde Bastardo
Mención aparte se merece el propio Miller en su apartado artístico en este número. Los juegos que hace con los blancos y los negros en cada una de sus ilustraciones nos regalan algunas páginas difíciles de olvidar y la llegada del color para resaltar los aspectos más sórdidos y salvajes (que tendría su eco en el filme de 2005) hacen de este número una auténtica maravilla casi por encima de los que le precedieron.
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