La cara B o la historia de Tatsukuni. Así podemos condensar lo que implica el séptimo volumen del manga El Gran Gaea-Tima. Kent hace un pequeño alto en la aventura que narra la relación del kaijû y Miyako para explicarnos las motivaciones de Tatsukuni, líder de FUNE, opacas hasta ahora, y cómo tanto él como su equipo conocen tanto acerca de estos monstruos gigantes. ¿La respuesta? En el pasado.
«Pero… ¿¡Qué demonios es eso?!«
Kent nos lleva de vuelta al pasado para conocer a Tatsukuni siete años atrás en el tiempo, antes de que el primer Gaea-Tima surgiera de las aguas de Sukuba y produjera la catástrofe que transformó a tantas familias (incluyendo la suya). Así, desde la perspectiva de un personaje todavía ajeno a todo, el guionista nos descubre muchísima información acerca del mundo. Porque el «despertar» de Tatsukuni está íntimamente ligado al nacimiento del kaijû y de la tragedia de Sukuba.
Pero Kent va por partes. Primero se centra en el todavía estudiante para explicar de dónde viene su admiración por estos monstruos, que no es otra cosa que una evolución de su interés por el océano y las criaturas que en él habitan. Su posición actual, con ascendencia dentro de las decisiones militares y gubernamentales respecto a los kaijû deriva de estos primeros días, los conocimientos que ahí adquirió y una inquebrantable determinación; así como de un entorno familiar tan tóxico que cualquier excusa para dejarlo atrás iba a ser bien recibida.
Toda la falta de matices que se le pudiera achacar hasta el momento al personaje queda descartada con la caracterización que hace Kent en este tomo. Es una historia de origen y una cara B, porque asistimos al desastre de Sukuba también desde el punto de vista de Tatsukuni, tal como lo hicimos al comienzo del manga con Miyako. Misma experiencia para ambos personajes, pero vivida de formas completamente diferentes. Porque mientras para Miyako supuso un terrible trauma, nuestro protagonista la asumió como una oportunidad.
Pero no solo del hombre vive Kent, es más, los humanos son actores secundarios para hablar de los kaijû y, como no podía ser de otra forma, este tomo incide -y mucho- en la aparición de estos formidables seres y en su función en el ecosistema. Porque si bien es cierto que sigue habiendo un componente sobrenatural, un consciente misterio en torno al origen primordial (y puede que nunca lleguemos a saberlo, igual que no sabremos porqué se originó el big bang o porqué en la Tierra se dieron todas las casualidades necesarias para la formación de la vida), el autor abraza la ciencia ficción biológica para explicar el nacimiento del primer Gaea-Tima, así como establecer hipótesis sobre la importancia de la fuente de su nacimiento para el desarrollo histórico de la vida en nuestro planeta.

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