Tras todo lo acontecido con Hibari y Tsubagra, la domadora de kaijûs y la criatura voladora que pusieron contra las cuerdas a Gaea-Tima y Miyako, aunque también sirvieron de catalizador para que nuestra pareja fortaleciera su vínculo, Kent deja descansar a nuestros protagonistas, que en este tomo no verán avanzar su historia.
«¡Gaea-Tima todavía puede sorprendernos!«
Esto no quita que la trama no siga creciendo y ganando en complejidad. Todo lo contrario. La calma en la historia permite al guionista abordar otras cuestiones. La primera, como adivináis por el título, nos devuelve al interés de Kent por la naturaleza de los kaijü. Con la calma tras el combate, la gente de FUNE decide que es buen momento para investigar Sukuba y sus aguas y ahí, además de complicarse las cosas (como de costumbre), hacen interesantes descubrimientos.
¿Y cómo se complican las cosas? Evidentemente con la aparición de un nuevo monstruo que ofrece al mangaka la posibilidad de explayarse con la acción y (todo hay que decirlo) rellenar unas cuantas páginas.
Y aunque las cuestiones en torno al ecosistema y fisionomía de los kaijûs es siempre interesante, además de ser uno de los focos a los que más atención ha ido prestando Kent desde el principio de la serie; la cuestión más destacada abordada en estas páginas tiene que ver con la esfera política.
No olvidemos que FUNE es una entidad estatal, que responde ante el gobierno nipón por más que parezcan actuar con total independencia. Y tras algunos volúmenes viendo como esta y el ejército han tenido sus más y sus menos en cuanto a la forma de abordar las amenazas de los monstruos gigantes, ahora los diferentes acontecimientos han acercado a ambos órganos oficiales a un entendimiento.
El ecosistema político que plantea la serie es más complejo de lo que parece, como bien indica la aparición de un grupo de personajes con autoridad sobre el ejército y FUNE en todo lo relativo a los kaijü. Aquí se plantean no solo diferentes manera de afrontar la problemática kaijû, sino que se señalan diferentes agendas (ocultas entre sí y destinadas a confrontar antes o después) que terminarán salpicando a Miyako y Gaea-Tima.
El cuándo y el cómo son las preguntas que hay ahora sobre la mesa.

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