Superior

Superior: Un niño, un deseo, un tributo

Superior

Llevamos muchos años leyendo historias de superhéroes. Desde que en 1938 un tipo vestido e azul y con capa roja apareciera en la portada de Action Comics levantando un coche no han dejado de sorprendernos y emocionarnos, hemos querido ser como ellos, tener sus poderes, recibir su admiración, reírnos de las leyes físicas…

 

La verdad es que hay donde elegir: superfuerza, cambio de tamaño, supervelocidad, visión láser… Pero siempre volvemos a ese tipo con los calzoncillos por encima de los pantalones. TODOS hemos querido alguna vez ser Superman. Por supuesto que habríamos cambiado cosas («es demasiado bueno«, «yo también lo usaría para mi beneficio«…), pero la esencia de ese paladín de la justicia siempre nos ha parecido mágica. Y es que, como decía David Carradine en Kill Bill vol. 2, Superman es Superman y se disfraza de humano sólo para pasar desapercibido, para que no podamos ver lo genial que es.

 

«Espabilé y me convertí en la persona que de verdad quería ser»

 

¿Y si pudiéramos ser Superman por una semana? ¿Qué haríamos? ¿Arreglaríamos el mundo o robaríamos en todos los bancos a la vez? ¿Detendríamos los tsunamis o los provocaríamos por diversión? Con la generalización de las historias de superhéroes estas preguntas han ido surgiendo una y otra vez y han dado lugar a experimentos tan variopintos como Chronicle (Josh Trank, 2012), Watchmen (Alan Moore, 1986) o El Extraño Talento de Luther Strode (también publicado por Panini) y Mark Millar no ha sido inmune a ella. Ya su Kick-Ass parte de la idea de un chaval normal actuando como un héroe hasta que realmente se convierte en uno. En Superior le da una vuelta de tuerca al asunto: coge a un adolescente con esclerosis múltiple y le otorga los poderes de un semidiós (no lo convierte directamente en Superman por cuestión de derechos, supongo, pero para el caso es lo mismo) para, partiendo de ahí, derivar a una reflexión sobre los deseos que puede tener cada persona, las posibilidades infinitas del ser humano y lo mucho que necesitamos todos creer en algo (un superhéroe, la tecnología, Dios…) que nos impulse a tratar de ser mejores cada día.

 

Esta idea ya la trató en 2009 Birger Larsen en su filme infantil SuperBrother (aunque aquí el protagonista sufría de autismo) El mayor deseo del protagonista de la historia era ser un hermano mayor decente que pudiera proteger y que pudiera ser admirado por su hermano menor. Simon, el protagonista de este cómic, sólo desea caminar con libertad, ser un adolescente más. Ni tan siquiera pretende volver a ser el líder deportista que era antes de la aparición de los síntomas. Ambas historias sobrevuelan el tema de la autoaceptación, del autoconcepto que desarrollamos todos a partir de la preadolescencia y que marcará la manera en que encaramos el mundo una vez convertidos en personas adultas. Lo que pierde en novedad la historia de Millar (de 2010) lo gana a la hora de definir su intención ya que, si bien el filme danés pecaba de abarcar demasiado y quedarse a medio camino, Superior hace gala de una perfecta mesura entre acción, drama, comedia (con claras referencias a Big [Penny Marshall, 1988]) e incluso una pizca de terror.

 

Superior

 

«Es que es demasiado boy scout para esta época»

 

Millar declara con esta obra su amor incondicional por el personaje de Superman (en general) y por la persona de Christopher Reeve (en particular). De hecho el guionista le dedica esta historia al actor que encarnó al héroe en los 70-80 y al director de aquellas míticas películas: Richard Donner. Más allá de las múltiples referencias y conexiones obvias, quedémonos con el acercamiento que hace el autor al superhéroe por antonomasia. Millar hace hincapié en varias cuestiones de las que quiero que penséis en dos, la primera y la más evidente de ellas se trata de la tentación que lleva asociada a sí misma la obtención de poder. Los guionistas de antaño justificaron la inexistencia de ésta en Superman en la bondad anidada en el corazón americano de Clark Kent, pocas diferencias vemos en Simon, sin embargo el protagonista de Superior deja claro que, al final, lo único que cuenta es la voluntad de cada uno. El segundo tema que toca Mark es el valor icónico del héroe vs. el valor real de sus acciones: más allá de detener un terremoto o evitar una guerra el verdadero poder del héroe reside en la fuerza con que quedan impresas sus acciones en las almas de aquellos que lo ven en acción. Como bien se dice en el cómic: «Consiguió que todos fuésemos un poco más decentes sólo por haber existido«.

 

Para lograr todo esto Mark Millar no renuncia en ningún momento al estilo narrativo y a los diálogos que lo han encumbrado con obras como Kick-Ass o Civil War, el autor nos regala páginas y páginas de su sarcarmo y su gamberrismo, esos que tanto nos gustan. Además, se asocia con Leinil Yu (Secret Invasion) para lograr que la obra tenga un aspecto real en contraste con lo fantástico del argumento y para que todos y cada uno de nosotros podamos ponernos en la piel de Simon, de Chris o de Madeline Knox. Guionista y dibujante han vuelto a reunirse para Supercrooks; ya veremos qué sale de esta reunión.

 

Superior

 

Esto es lo que os vais a encontrar en el tomo de Superior que edita Panini:

 

Tú Puedes ser el más Grande: Una introducción de Celes J. López que analiza Superior desde el punto de vista del mercado norteamericano.

Superior.

Colección de portadas oficiales (insertadas a lo largo de la obra) y alternativas (al final de la misma)

Lápiz, tinta y color: Varias fases del proceso creativo de algunas de las escenas más impactantes del cómic.

Acerca de RJ Prous

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En la soledad de mi beca Séneca en Zaragoza aprendí a amar el cine mierder. Volví a Madrid para deambular por millones de salas y pases de películas para finalmente acabar trabajando con aviones. Amante del cine y de sus butacas, también leo muchos cómics y, a veces, hasta sé de lo que hablo.

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