El Monstruo sin Nombre

El Monstruo sin Nombre: En la sombra del mundo

El Monstruo sin NombreRecuerdo la primera vez que leí Monster. Cuando encontré entre sus páginas el siniestro y retorcido cuento de Emil Sebe titulado El Monstruo sin Nombre un escalofrío me recorrió el espinazo. La fábula no era especialmente grotesca ni sangrienta, pero había algo en su tono y en la manera casi inocente de tratar la vida, la muerte, el mal y la soledad que se te queda atascado en la garganta y alarga las sombras de la habitación en la que estás leyendo. Naoki Urasawa debió sentir algo similar cuando decidió incorporar este cuento checo a la narrativa de su obra cumbre. La historia adquirió tal protagonismo que hoy no entenderíamos a Johan sin el relato de Sebe.

 

Planeta deAgostini, a sabiendas de que todo lo que lleve asociada la marca Urasawa es oro puro, nos trae una edición cuidadísima de los relatos de este autor, Jakub Faroubek y Klaus Poppe (en realidad la misma persona) que, a primera vista, puede parecer un producto menor dedicado en exclusiva para los coleccionistas de todo lo que tenga que ver con Monster, pero que se revela como un documento digno de brillar por sí mismo y que arroja algo de luz sobre la oscura historia que envuelve a estas narraciones.

 

No se puede contar mucho de este libro sin correr el riesgo de desvelar demasiado a los lectores que aún desconocen las peripecias del doctor Tenma, pero cabe añadir que su lectura constituye tanto una estupenda puerta de entrada al universo argumental del autor japonés como un fabuloso homenaje a las páginas de Monster de muy agradable lectura para los lectores más experimentados. Lo que quizá no debería leer el novato en la obra de Urasawa es el texto final de Takashi Nagasaki que nos habla de la asombrosa historia acerca del descubrimiento de los cuentos y los bocetos (que Planeta también nos ofrece) a la par que nos da detalles acerca de la siniestra verosimilitud de la historia de Johan y Nina.

 

El Monstruo son Nombre (Obluda) se trata de un ejemplar que al que merece (y mucho) la pena reservar un sitio en nuestras estanterías. Bien cerca de las colecciones de Moster, Master Keaton o 20th Century Boys que con tanto tino nos ha traído a los aficionados españoles Planeta deAgostini.

Acerca de RJ Prous

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En la soledad de mi beca Séneca en Zaragoza aprendí a amar el cine mierder. Volví a Madrid para deambular por millones de salas y pases de películas para finalmente acabar trabajando con aviones. Amante del cine y de sus butacas, también leo muchos cómics y, a veces, hasta sé de lo que hablo.

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