«Nosotros somos cómplices de las muertes que causen«
Llega a España (gracias a Planeta Cómic) la edición impresa de Kagurabachi, el penúltimo éxito shonen de Shueisha que viene firmado por el debutante Takeru Hokazono. Y un servidor, que alterna los cómics de capas y trajes ajustados con el manga más facilote para desengrasar, tenía que darle un tiento para ver si merece la pena lanzarse a por esta nueva colección de magia, técnicas, power-ups y adolescentes que se ven obligados a transitar hacia la vida adulta quieran ellos o no. En esta ocasión al protagonista, Chihiro, lo convierten en huérfano cuando estaba aprendiendo el oficio de forjador de katanas junto a su padre y, a resultas de esto, lo tendremos durante todo el resto dela serie en modo taciturno y calladito mientras suelta espadazos a cualquier mendrugo que se le ponga a tiro.
De Kagurabachi puedo decir dos cosas si me quiero poner a resumir muchísimo la recomendación: una es que es un ‘más de lo mismo’ de manual que no arriesga ni se sale del guión en ningún momento (con fuertes influencias de cositas como Jujutsu Kaisen, por ejemplo) y la otra es que, pese a ello, está tan bien hilada, escrita y dibujada que da gusto sumergirse en ella para olvidarnos por un rato de las vicisitudes del mundo que hay más allá de las páginas de este manga. Kagurabachi está repleta de acción, tiene espadas poderosísimas, hechicería muy loca y no deja de ser una de esas historias de venganza que tanto nos gustan a los seres humanos. Tiene todos los ingredientes para funcionar estupendamente entre la chavalada y los que ya no somos chavales, pero nos esforzamos por parecer frikis modernos y enrollados.
«Solo has conseguido fortalecer mi determinación«
Coñas aparte, me da qué pensar que los humanos tengamos esta fijación por la venganza (habla uno que se volvería a leer hoy sin pestañear de nuevo La Venganza del Conde de Montecristo) y es que pocas cosas están tan censuradas según la moral católica (que para bien o para mal es la que ha modelado el funcionamiento de occidente) y a la vez nos resultan tan naturales y apetecibles. Por más que la justicia oficial diga una cosa, los humanos seguimos pendientes del ojo por ojo y del diente por diente porque, en nuestro interior, pensamos que nadie como el que ha sufrido la afrenta para impartir justicia sobre su agresor, sin ningún riesgo de que la rabia nuble nuestro juicio, no pensemos cosas locas aquí. Kagurabachi es muy conbsciente de todo esto y nos lo ofrece perfectamente empaquetado y listo para su consumo.

Kagurabachi #1
Ignoro por dónde tirarán las tramas a partir de su segundo tomo, pero lo cierto es que esta primera entrega me ha proporcionado una tarde entera de lectura tranquila y sin pretensiones y eso es algo que, visto como está el patio, es de agradecer.
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