West Side Horror

Ti West
Ti West, un director que deja una impronta en todos los que ven su cine por su forma tan personal de contar historias.

Una casa en mitad del bosque y unos jóvenes despreocupados son ingredientes básicos de una historia de terror. Se repiten en títulos practicamente todos los años, aunque no todas pasen a conocerse por el gran público. Aún así, por mucho que las conozcamos, siguen apareciendo nuevas entregas de la saga de las casas encantadas que se hacen un hueco en las salas. Porque el cine de terror goza de épocas de esplendor y decadencia, pero nunca deja de producirse.

Desde final de los 2000 un nueva generación de directores comenzaron una nueva etapa de cine de género sin complejos, haciendo alarde de modernidad y preocupados por recuperar el terror que en décadas anteriores lo hizo memorable. Aunque hubo momentos en que el gore parecía imponerse por encima de la tensión o la carga siniestra de los argumentos, ha sido en los últimos cinco años cuando el terror se ha revestido de la antigua elegancia de lo macabro. El último ejemplo de ello fue la sobria Expediente Warren de James Wan, que ha sido testigo y propulsor del cambio al pasar de la violencia extrema de Saw al juego de sombras y la tensión menos espectacular, pero mucho más eficaz para subir las pulsaciones del espectador.

Ti West

Entre esta nueva ola de creadores destacan unos pocos, menos conocidos, que brillan en festivales de todo el mundo y ofrecen narraciones diferentes y personajes cargados de carácter. Es el caso de Ti West, un director que empieza a sonar en círculos reducidos de cine de género, pero que deja una impronta en todos los que ven su cine por su forma tan personal de contar historias. Como producto de su época, ha recuperado las historias clásicas de casa encantada, influenciadas por la cultura popular de creadores como Joss Whedon, que convirtió a la Scream Queen en heroína con Buffy, la Cazavampiros y repitió con un divertidísimo guión en La Cabaña en el Bosque. La revolución que trajo Whedon consistía en coger las historias de terror clásicas con unos personajes que dejaron de actuar como idiotas ante un enemigo paranormal. Sus diálogos cobraban fuerza y las tramas avanzaban por un camino que, en ocasiones, era más interesante que el propio conflicto.

Es pronto para decir que Ti West ha recogido el testigo, pero su influencia es clara y le está llevando por derroteros distintos que completan la vía que empezó Whedon. West es un director mucho más centrado en el terror y con una identificación de género más clara y menos ambiciosa, pero tratada con mimo y dando pasos sobre seguro. Sus emblemas son La Casa del Diablo de 2009 y Los Huéspedes de 2011, con los que sentó las bases de su estilo pausado y ritmo extraño, a medio camino entre la comedia y el terror. Sin embargo no cabe duda de que sus películas pertenecen al cine de género más clásico. Su observación de los hechos y la forma que tiene de meter a sus personajes en situaciones inverosímiles no generan duda alguna sobre sus intenciones como director de cine de terror, pero deja respirar a sus personajes y dejando que el espectador se olvide de la trama principal hasta que es imposible salir de ella. De este modo la identificación del espectador con los personajes es total hasta el punto de no haberse dado cuenta, como los mismos personajes, del peligro que los acecha.

Cierto es que, aunque en el cine de terror se agradece que un narrador se tome su tiempo, Ti West puede caer en una falta de ambición en sus historias que terminen por ser menos terroríficas y más costumbristas. Sus películas mantienen al espectador enganchado esperando lo momentos de tensión que tardan demasiado en llegar o, a veces, ni llegan. Los momentos previos al enfrentamiento con lo paranormal siempre funcionan mejor cuanto más tiempo tardan en aparecer, pero si ese momento no tien la suficiente fuerza, se corre el peligro de perder al espectador convirtiendo la película en un simple producto prometedor, a esperas del siguiente. Sin embargo, si esa película no va más allá, puede acabar por perder la garra narrativa que mantenía en vilo a los espectadores más fieles.

No cabe duda de que Ti West tiene mucho que ofrecer y ningún complejo para dedicarse al cine de terror, pero es un género maltratado por la crítica y menospreciado por un público que no da tregua.

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