The Last Stand / El Último Desafio

El Último Desafío: Te echábamos de menos Arnold

Todo el mundo ha visto Río Bravo, Kim Ji-woon también y en su última película hace una especie de revisión del clásico de Howard Hawks. Si el mejor vaquero de la historia se hubiera presentado a gobernador habría sido mediocre, me temo. Tan mediocre como lo fue Arnold Schwarzenegger. Pero errar es humano y lo mejor de perder al actor austriaco entre los focos que alumbran al político (parece que ahora solo gustan declarar frente a la cámara) ha sido reencontrarnos con él entre otros focos, los del cine de acción y entretenimiento puro y duro (en este caso bastante duro). Como el hijo pródigo que nos alegra el corazón con su regreso ese tipo que protagonizó el mejor Conan de la historia vuelve a hacernos pasar un rato divertidísimo con este thriller de acción titulado El último desafío.

 

Todo está tan manido en el argumento que Ji-woon se centra en crear escenas de acción violentas, chistes muy bien traídos y un personaje principal entre Gran Torino, Terminator y Wyatt Earp.

 

The Last Stand / El Último Desafio

 

El narcotraficante que escapa de la justicia (representada por un Forest Whitaker muy a gusto en su papel de segundón) huye en dirección a México pero en su camino se interpone un pueblo fronterizo cuyo sheriff es Schwarzenegger. El hombre de la ley está mayor pero sigue siendo un tipo muy duro, y es increíble presenciar como el actor es capaz de disparar con soltura varios tipos de arma, quitarse restos de cristales o metales de la pierna, pegar guantazos como si no hubiera mañana, salvar vidas y demostrar que cualquiera puede ser mejor actor que Eduardo Noriega (el narcotraficante).

 

El argumento de El último desafío es plano pero las secuencias componen una montaña rusa en forma de película. Hay persecuciones extenuantes, peleas violentas, disparos a la cabeza que desembocan en un riego de sangre, hay malos muy malos y buenos muy buenos, hay amor y amistad. Uno no puede evitar recordar aquellas películas de finales de los 80’ y principios de los 90’ como Comando, Depredador o El último gran héroe. Cine de fácil consumo que se infravalora injustamente. También es cierto que este divertimento construido con algo más de ambición podría haber sido una de las sorpresas del año.

 

Ji-woon finalmente se contenta con elaborar un producto que se ríe de sí mismo. Con un Johnny Knoxville haciendo lo que mejor sabe hacer (autolesionarse) y un Noriega que da el pego hasta que habla parece increíble que esta película aguante el interés del espectador los 107 minutos de duración. Pero lo hace y dejando además varias perlitas, como esa escena maravillosa donde la abuelita agarra su fusil o ese chiste final de Whitaker sobre las cuentas secretas en suiza.

 

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