Killers: El espía que me aburrió

TitularEl bigotón de Tom Selleck es lo único salvable de Killers, la historia de un agente secreto interpretado por Ashton Kutcher que deja su doble y peligrosa vida para redirigirla hacia la placentera trayectoria vital del marido ejemplar y futuro padre de familia modelo. Por supuesto, nada es tan fácil, ni siquiera en las películas más aburridas como esta, y pronto el amigo Kutcher tendrá que vérselas con sus viejos compañeros de trabajo, a quienes no les ha sentado nada bien que dejase la actividad.

El amigo Robert Luketic, que ya ha perpetrado otras castañas como Una rubia muy legal y alguna más de similar pelaje nos trae este aburrimiento supino solo apto para los ultrafans de la parejita Kutcher-Heigl que están que se rompen de buenos, poca duda cabe ahí, pero que para ver lo quesitos que son nos valen las fotos del google images y no hace falta que paguemos siete machacantes (¡o más!) en la pobretona historia que nos proponen.

Ni vale como comedia romántica de baja calidad ni las escenas de acción levantan los ánimos, ni Tom Selleck en el mismo papel que Robert De Niro en Los padres de ella levanta la función, (Un Selleck del que, por cierto, ahora ya sabemos que rechazó hacer de Indiana Jones porque ya había encontrado el Santo Grial, no hay más que ver cómo se conserva de bien). En algunos momentos la cinta llega a recordar vagamente a Hot Fuzz, con todos esos amables vecinos que resultan ser unos cabrones peligrosos, pero las comparaciones son odiosas y no queremos manchar el buen nombre de Simon Pegg y Nick Frost acercándoles a este tremendo petardo.

No pierdan el tiempo, ni lo piensen, que no se pase por la cabeza de nadie ir a ver este tremendo rollo que pide a gritos sufrir un Cinema Paradiso como única forma de redención.

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