Miedos 3D: Vuelta a los mejores Ochenta

Titular

Las fórmulas de hacer cine han cambiado respecto a hace unos años, como ocurre siempre en la historia del cine. El cine para niños de hoy día poco tiene que ver con el que se hacía en los ochenta, al igual que ocurre con el cine de terror e, incluso, con los dramas. La gente ve el cine de forma distinta, los públicos crecen, se cansan de unas cosas y piden otras. De los temas que antes eran tabú ahora se puede hablar libremente y ocurre lo contrario, aquellos aspectos de los que se podía hablar antes sin tapujos son asunto de controversia hoy día. El cine cambia sus discursos y su forma de hacerlos, pero siempre hay estructuras que se mantienen, de eso no cabe duda. Sin embargo, en ocasiones, la vuelta al original, a aquellos que vimos de niños, es la verdadera novedad. La realización de Joe Dante ha ido dando palos de ciego desde que terminase la segunda entrega de los Gremlins, pero el director ha vuelto con una muestra de lo que sabía hacer antes, lo que le dio relativa fama y lo que lo ha convertido en un director de culto. En Miedos, Dante vuelve a ese cine de terror algo ingenuo e infantil, valiéndose de las técnicas de 3D modernas para contentar, muy posiblemente, a unos estudios que aún a estas alturas siguen sin confiar en él. Y lo hace sin ponerse rojo.

TitularMiedos puede recordar a Pequeños Guerreros en muchos aspectos, pero si bien ésta no conseguía funcionar del todo, con su nuevo proyecto Joe Dante parece divertirse y trabajar con toda la confianza que puede ofrecer para hacer una película poco atrevida pero perfectamente equilibrada. En su destreza y energía recuerda a esas viejas glorias que han sabido adaptar a los nuevos tiempos su mejor cine, como son Chris Columbus con Harry Potter y la Piedra Filosofal o Sam Raimi y su Arrástrame al Infierno. Es un tipo de cine que, si bien no puede hablar de hacer historia en su lenguaje o su tratamiento ocupa un lugar esencial en el entretenimiento, la diversión y un modo de atrapar al público tan sutil que uno no sabe que ha estado enganchado hora y media hasta que abandona la sala. La historia ya está vista, los niños que se meten donde no deben y se enfrentan a su propia madurez al tiempo que resuelven el problema acuciante, como puede ser, en este caso, abrir la puerta a sus peores terrores.

Sin embargo, la conjugación de terror y cine de aventuras, e incluso, infantil, es magistral. Joe Dante consigue hacer una película para niños donde incluso los adultos pueden pasar miedo. No se debe caer en la fácil apreciación de que, al existir secuencias terroríficas esta no es una película apta para el público infantil. Se vuelve al concepto del cuento de hadas más cruel y siniestro que ha inundado la cultura popular desde que la humanidad aprendió a contar historias. La muestra de que este tipo de cine funciona para un público infantil ha quedado más que probado en la década de los ochenta donde se puso tan de moda aunar el cine de terror con historias para niños. Ejemplos de ello los encontramos en Critters, Gremlins, Una Pandilla Alucinante o Creepshow.

Por otra parte, Joe Dante sabe en que siglo vive y no tiene problema en utilizar las tecnologías más modernas para sus escenas más espectaculares. Sin embargo es de la vieja escuela y sabe que la utilización de los clásicos recursos del suspense y del terror funcionan mejor que ningún otro. No vemos un abuso de los efectos digitales, sino una combinación eficaz con efectos especiales artesanales. Todo ello, combinado con un reparto muy bien escogido que sabe sacar provecho de la historia que cuentan hacen que la película funcione sin mayores pretensiones que las del mero entretenimiento, que ya es decir. Mención especial merece, en cambio, el jovencísimo Nathan Gamble, que ya demostró su talento en La Niebla de Frank Darabont. El pequeño lleva un camino interpretativo que, si continúa bien encauzado, dará de qué hablar en poco tiempo.

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